Delincuencia e inmigración ilegal

No voy a proclamar mi amistad con algún inmigrante ilegal ni mi firme convicción de la igualdad sustancial de la especie humana en sí misma y en su comportamiento ante determinadas circunstancias. No he tenido siquiera la oportunidad de conocer personalmente a ningún inmigrante ilegal. No me gustan los preludios exculpatorios, como pidiendo anticipadamente perdón por decir lo que uno piensa pero tal vez no sea políticamente correcto. Si a pesar de todo, se me quiere presentar como xenófobo e incluso autor de un delito de odio internacional, pues paciencia. Lo que parece cierto es que el porcentaje de delincuentes es bastante superior entre los inmigrantes ilegales que entre el resto de la población, algo que puede comprobarse también en Instituciones Penitenciarias. No he leído estadísticas sobre ello, seguramente porque no llegan a la opinión pública, pero creo que estamos en el terreno de la evidencia.

Pienso que si Marruecos fuera un país más desarrollado que España, seríamos los españoles quienes emigraríamos al Reino Alauita con la esperanza de un futuro mejor. Los problemas para una integración ordenada se repetirían en sentido inverso. En ningún lugar atan los perros con longanizas y menos aún donde el paro juvenil es uno de los mayores de Europa, si no sencillamente el más alto, alrededor del 40%. Nos referimos en especial a los inmigrantes jóvenes cuando no adolescentes o niños.

Vaya, pues, por delante que el problema tiene difícil solución. La expulsión del inmigrante ilegal al país de origen o tránsito no siempre es posible, sea por la negativa del interesado en revelarlo, sea porque éste no confirme tal información. Tenemos derecho a conocer, sin embargo, lo que ocurre verdaderamente con esos inmigrantes una vez que pisan suelo español: número de los que entraron en España los últimos años, qué ha sido de ellos, cuántos permanecen entre nosotros, cuántos han regulado su residencia, cuántos trabajan y dónde, para preguntarnos finalmente cómo y de qué viven los unos y los otros. Sólo desde el conocimiento de la realidad cabe buscar soluciones eficaces para un drama de estas características.

La prensa de hoy martes nos trae la noticia de la supuesta agresión sexual a una menor y discapacitada, en Lérida, por dos hombres de origen marroquí. Y también el atraco en la calle Arenal, junto a la madrileña Puerta del Sol, de tres personas a manos de un grupo de maleantes, entre los que había algunos que fueron “menas” anteriormente, todos ellos muy conocidos por la Policía. Una de las víctimas, una mujer, resultó con la boca destrozada y pérdida de dientes.

Insistiendo en el problema de los menores no emancipados (hasta cumplidos los dieciocho años), ¿quién los vigila o controla cuando salen a la calle? ¿quién les da trabajo? ¿y qué horizontes se les abre cuando llegan a la mayoría de edad? Nos gustaría disponer de estadísticas oficiales en respuesta a esas y otras preguntas. Mientras tanto, el Fiscal considera nulo de pleno derecho el reenvío de algunos o muchos memores desde Ceuta a Marruecos, por lo que el complejo panorama fáctico se complica con su tratamiento jurídico. El resultado es que la confusión está servida. Las aguas de este río vienen lo suficientemente revueltas para que también los pescadores ilegales obtengan grandes ganancias traficando con los desplazamientos, a veces mortales, de su clientela.