Uso de lenguaje no sexista

Uno ya no sabe si tomarse en serio o en broma algunas manifestaciones del lenguaje inclusivo, tan pintorescas como, afortunadamente, hoy todavía minoritarias, pero es que ahora le ha tocado el turno al propio B.O.E. Puesto que no se puede redactar un texto legible a base de plurales masculinos y femeninos, so pena de obtener un pesado ladrillo idiomático, se acepta en principio la redacción conforme al viejo castellano (o sea, del idioma de siempre, el que ya está inventado desde hace siglos y se habla y escribe también en Hispanoamérica), pero con una cláusula correctora para adaptarlo a los nuevos tiempos y conjurar eficazmente el heteropatriarcado.

Un buen ejemplo de tan ingenioso proceder se encuentra en el Real Decreto 298/2021 por el que se modifican diversas normas reglamentarias en materia de seguridad industrial. La fórmula mágica se halla en su disposición adicional única bajo la rúbrica “Uso del lenguaje no sexista”. Véase su texto:

“Las referencias que en el texto de este real decreto se hacen a instalador, reparador, conservador, los trabajadores, los operarios cualificados, un técnico titulado universitario, el responsable técnico, los socios, operador de grúa, el médico, un profesional habilitado, el fabricante, el titular de la empresa o al representante legal, así como al interesado, deben entenderse hechas respectivamente a instalador o instaladora, reparador o reparadora, conservador o conservadora, las personas trabajadoras, las personas operarias cualificadas, un técnico o una técnica con titulación universitaria, el personal responsable técnico, las personas socias, operador u operadora de grúa, el médico o la médica, un o una profesional habilitada, la o el fabricante, la persona titular de la empresa, la o el representante legal de la empresa, así como la interesada o el interesado”.

Aparte de que la propia redacción del precepto no sea muy correcta y de que la novedad no se haya extendido todavía a otros departamentos ministeriales, no hay duda de que esta iniciativa constituye un peligro no sólo para el español escrito sino también para el hablado, pues al final de un discurso, por ejemplo, habría que añadir una coletilla similar antes de que el respetable público desalojase la sala.

De todas formas, si las autoridades competentes, institucionales y académicas, dieran su visto bueno a esta práctica, habría que ir pensando en dotar a nuestra Constitución de una disposición adicional de “Uso de lenguaje no sexista” y de ahí para abajo hacer lo mismo con toda la normativa oficial. Finalmente o en paralelo vendría la actualización de nuestra literatura, creando para ello los organismos, círculos de debate e incluso chiringuitos que hicieran falta, pues sería una labor excesiva para la Real Academia o el Instituto Cervantes. Habría, por consiguiente, muy apetitosos puestos de trabajo cuando más falta nos hace. Los rendimientos de la gramática deben ser en primer lugar, como los del campo, para quien directamente la trabajan.