China 2021

Tengo la impresión de que en Occidente, en Europa y en España, por este orden, nos resistimos a ver cómo China, sólo en unos años, ha pasado de ser un país mísero, a nivel de la India, y literalmente masacrado por la Revolución Cultural de Mao Tse Tung, a convertirse en una gran potencia mundial, la segunda, que pronto será la primera si la tendencia no se invierte por razones que se me ocultan.

Los rapidísimos ferrocarriles japoneses han quedado muy por detrás del que une el corazón imperial de China con el Tíbet, y los logros de Pekín en la exploración espacial compiten ya, si no los superan, con los de Estados Unidos y Rusia, mientras que la Unión Europea se contenta con el papel de artista invitado. La pandemia del coronavirus nos ha traído imágenes de la nueva China con modernas ciudades y magníficos hospitales. Ignoro si la enfermedad se habrá originado o no en aquellas tierras, pero ellos, los chinos, la vencieron sin tener que recurrir a nadie. Pronto tuvieron su propia vacuna, donada después, o casi, a numerosos países en vías de desarrollo, principalmente africanos y latinoamericanos.

Y es que nos hemos engañado con nuestras propias mentiras. No es cierto que la economía sólo pueda crecer en democracia. El progreso material de Alemania desde la llegada de Hitler al poder hasta que declaró la guerra a Polonia, iniciando así la II Guerra Mundial, también es innegable. Desapareció el paro, se construyeron las primeras autopistas y nació el “Volkswagen” o coche popular. También la Unión Soviética de 1941 en poco se parecía a la atrasada Rusia de 1918, aunque hubiera que lamentar millones de muertos por la guerra civil y las hambrunas desatadas a raíz de la Revolución. Pero es que además resulta que el comunismo chino en el ámbito político es perfectamente compatible con el capitalismo económico, lo que rompe de raíz los viejos esquemas.

Quizá lo que ocurre se explique con una razón válida para todas las economías. La globalización, también de los conocimientos y las técnicas, producen mejores resultados donde más se trabaja, sea en China, en Corea del Sur o Taiwán por mencionar sólo el Lejano Oriente. La economía se rige por la oferta y la demanda. Si otros astilleros construyen mejores barcos y más baratos que los nuestros, allá se irá la contratación internacional. Al comprador no le interesan los días que trabaje el personal y lo que cobre, sino el precio y la calidad de lo que recibe.

El camino que llevamos -y pido perdón por la nota pesimista- permite otear en el horizonte los pintorescos parques temáticos con los que Europa procuraría atraer a los nuevos ricos de oriente. Bávaros de calzón corto de cuero bailando y cantando junto al castillo de Neuschwanstein, españoles vestidos de gitanos y tocando las castañuelas con el obligado acompañamiento de una guitarra, y reproducciones de Venecia a lo largo de todo el litoral italiano. Ojalá los temores se quedan en una pesadilla.