La Bolsa

La Bolsa es el mejor y más fiable indicador de la economía de un país, igual como imagen de un día cualquiera que como reflejo de su tendencia. Sobre la pandemia del coronavirus se pueden tener distintas opiniones. Habrá quien considere ejemplar nuestra respuesta sanitaria y la campaña de vacunación, como habrá quien no comparta tal juicio. Hasta se podrá discrepar respecto a las responsabilidades –presuntas naturalmente- por el fallecimiento masivo de españolitos de la tercera edad en residencias y geriátricos. Y hay otros muchos aspectos de la pandemia que se prestan a este mismo debate, sometido, por lo demás, a toda clase de interferencias y manipulaciones de quienes dominan los medios de comunicación.

Los índices bursátiles se nos muestran, por el contrario, como realidades indiscutibles porque responden a la visión que de nosotros tiene el mercado global, nos guste o no. Reflejan el juicio que le merece nuestra economía a los observadores internacionales. Las bolsas resumen bien la solvencia que nuestras empresas tienen en el mercado mundial. El turismo, la hostelería, la restauración y el ocio no lo son todo ni mucho menos.

Dejemos de lado la cuestión de si nuestra lucha contra el coronavirus ha sabido equilibrar adecuadamente las medidas sanitarias, incluyendo ahí los confinamientos, los toques de queda y los cierres perimetrales, y los esfuerzos para paliar los efectos de la enfermedad sobre la economía. Baste mostrar mi sorpresa, en todo caso, porque en ocasiones se diría que el ocio nocturno -desconocido por las viejas generaciones- quizá haya pesado más en nuestra balanza que la vida de las personas, en particular de las ancianas, que han sido las víctimas propiciatorias del coronavirus. Los jóvenes pronto se dieron cuenta de que el peligro para ellos era mínimo, al menos el mortal, de modo que una incivilizada minoría de los mismos se comportó egoístamente con sus botellones y fiestas multitudinarias, como si la cosa no fuese con ellos y su esparcimiento no fuera más peligroso que montar en motocicleta.

Con la continuada mezcla de recomendaciones y obligaciones, el hecho de ser estas últimas sólo administrativas y no penales, más lo difícil que resultaba tramitar y cobrar las multas, no hacía falta la última sentencia del Tribunal Constitucional para comprobar que el poder coactivo de la Administración quedó desde el principio en poco más que nada. Un trabajo estéril al que se añadirá el de formalizar las anulaciones y archivar los procedimientos.

Volviendo a la Bolsa, el Ibex español perdió el año pasado el doble que el europeo, y con la recuperación de este año no hemos salido mejor parados, pues sólo hemos avanzado la mitad que el Eurostoxx. Otros datos objetivos son los del paro, de un 16 % en España y el 3 % en Centroeuropa, y la deuda galopante. Evitemos hacernos trampas en el solitario del bienestar nacional.