La objeción de conciencia del rey Balduino

Han suscitado un gran revuelo las palabras de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, apuntando hacia una cierta complicidad objetiva del rey Felipe VI en la muy probable concesión de indultos a los independentistas radicales que fueron condenados en el procès. Dicho de otro modo, si ejerciera el derecho de gracia que, con arreglo a la ley, le encomienda la Constitución en su artículo 62 i). Recordemos, para evitar equívocos, la vigencia de la Ley del indulto de 1870.

Pero al hilo de esta cuestión cabe imaginar los problemas que pueden suscitarse en este y otros supuestos similares que atañen a las convicciones íntimas de un Jefe de Estado y a su libertad u objeción de conciencia, al margen del cargo institucional que se ostenta. Pues bien, un notorio ejemplo en la materia se remonta al 3 de abril de 1990 con el muy católico rey Balduino de Bélgica, casado con la aristócrata española Fabiola de Mora y Aragón, también muy religiosa.

Se trataba de firmar una ley que, aprobada ya en ambas Cámaras, extendía los supuestos de impunidad en el aborto. Balduino fue un monarca muy respetado y querido en Bélgica, tras el desastroso reinado de su padre, y los grandes partidos políticos flamencos y valones se unieron en la búsqueda de una solución aceptable para todos y, efectivamente, la encontraron. Tal vez un poco forzada y rarita, pero que permitió resolver el conflicto sin abdicaciones definitivas. Un episodio único en la historia constitucional de los reinos europeos. Hubo hasta dos reuniones extraordinarias del Consejo de Ministros durante la madrugada, hasta que finalmente se consideró que lo mejor era invocar razones de conciencia y acogerse al artículo 82 de la Constitución de Bélgica, que prevé la incapacidad temporal del representante de la corona para reinar.

Aceptada la idea por el Monarca, éste renunció a sus poderes durante treinta y seis horas, tiempo más que suficiente para que la ley se promulgara y se publicara sin su firma. No recuerdo quién fue el político independentista de Cuba que aspiraba a convertir la isla en la Suiza del Caribe. Cuando así se lo exponía a un correligionario, este le respondió con una pregunta: ¿Y de dónde vamos a sacar los suizos?