Irak: dieciocho años después

Papa en Irak

La visita del Papa Francisco a Irak –más tiempo sin mascarilla que con ella, como en el Vaticano- me anima a abordar un tema poco grato para Occidente. Me refiero a la justificación y resultados de la Segunda Guerra del Golfo, con el derrocamiento del presidente iraquí Sadam Huseín como objetivo, y a nuestro posterior apoyo a las primaveras árabes allí y en el norte de África.

Se nos hizo creer que el dictador de Bagdad constituía un peligro para toda la Humanidad porque, según mantenían los Estados Unidos, tendría armas biológicas y químicas de destrucción masiva. Organismos y personalidades internacionales lo ponían en duda y desaconsejaban la intervención militar hasta que hubiera pruebas fehacientes de que tal afirmación era algo más que una sospecha. No sirvió de nada. La maquinaria bélica se había puesto en marcha y era difícil pararla.

La guerra empezó el 20 de marzo de 2003 y terminó oficialmente el 18 de diciembre de 2011, pero allí siguen las tropas de ocupación, aunque sin ese nombre, porque ha sido imposible democratizar el país y dotarle de estabilidad.

La falsedad de las acusaciones contra Sadam Hussein – no la mera posibilidad de que lo fueran – quedó acreditada al poco tiempo de comenzar la invasión del desventurado país. Nadie ha pedido perdón por haber incendiado el Oriente Medio con una argumentación falaz. Nadie, tampoco, por los centenares de miles de víctimas del conflicto. De otra parte, sería arriesgado suponer que la vida en aquellas tierras es ahora mejor que antes. En cualquier caso, no para los cristianos.

Y es que pretender ayudar al prójimo por nuestra cuenta e interés propio desde una cultura distinta y, además, cristiana, tropieza con muchos obstáculos entre los musulmanes, sean éstos chiíes o sunitas. Un escenario que se complica todavía más con los casi inevitables episodios de superioridad y matonismo, por no hablar de torturas. Ahí está lo ocurrido en la prisión de Abu Ghraib. O Guantánamo, con sus presos sin límite temporal ni señalamiento de juicio.

La visita del Papa a Irak casi coincide con el aniversario del inicio de una guerra que se encuentra, a su vez, en el origen del Estado Islámico (ISIS o Dáesh). Antes, cuando mandaba el dictador, los cristianos se aproximaban al millón y medio. Hoy apenas llegan a trescientos mil. Huelgan los comentarios.

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