Los careos existen

Contra lo que alguno pudiera creer, por lo que se escucha o se lee en nuestros medios de comunicación, los hechos delictivos pueden acreditarse a través de otros medios probatorios distintos de los documentales. Así, la Ley de Enjuiciamiento Criminal se ocupa tanto de la declaración de los testigos en fases previas al juicio como de su práctica durante la celebración del mismo, ya como prueba en el sentido más estricto del término. En los delitos contra la vida, las lesiones, los hurtos, los robos y otros muchos tipos penales, los testimonios suelen ser el más frecuente medio probatorio para conocer la identidad del responsable.

Añadamos que a la prueba en conjunto puede llegarse mediante la suma de indicios en una misma dirección, si fueran varios, consistentes y no contradichos por otros. La apreciación directa de las pruebas por el juzgador es muy importante siempre que se mantenga en el marco de la racionalidad. Se dicta sentencia empezando por la apreciación que de la prueba ha de hacer el Tribunal “según su conciencia”, en palabras del artículo 741 de la citada ley procesal. Y aquí viene a colación una prueba que, próxima, derivada o simple variante de la testifical, ha caído injustamente en desuso: el careo.

El careo es una diligencia que, encaminada a confrontar versiones diferentes sobre unos mismos hechos, puede influir significativamente en la valoración que al instructor o juzgador merezca la veracidad del testigo, investigado, procesado o acusado. Hay quien ni siquiera se atreve a mirar al otro cara a cara. Yo, que he sido Juez de Instrucción durante muchos años, creo que sirve, sobre todo, para descartar al menos una de las versiones contrapuestas.

Pues bien, el careo encaja mejor en un proceso artesanal, si se me permite la expresión, que en los excesivamente estandarizados de estos tiempos con tribunales colapsados y en los que aquella libre valoración de la prueba será reexaminada por quienes no la presenciaron. Los recursos por vulneración de presunción de inocencia saltarán de tribunal en tribunal hasta acabar en el Europeo de Derechos Humamos.

Sea por las razones apuntadas o por otras, el careo es una diligencia en peligro de extinción, particularmente en las altas cumbres políticas y económicas de nuestra sociedad, las mismas entre las que abundan cada día más las conformidades - y en ocasiones otros tejemanejes legales - para evitar al acusado la cárcel y reducir el trabajo de nuestros tribunales. Sí, como se nos dijo en relación con Felipe González y la corrupción, su llamamiento como testigo sería ya una velada e injusta criminalización, es sencillo imaginar las críticas con que sería recibido un careo entre Bárcenas, el de los papeles que llevan su nombre, y algún cualificado dirigente o ex dirigente del PP. Aunque tampoco faltarían aplausos procedentes de otras fuerzas políticas.

Conste que no sé si existen motivos o no para acordar en este juicio el careo solicitado por la defensa del antiguo cajero de los populares. Sólo quiero defender la supervivencia del careo como otros lo hacen respecto al lobo ibérico.