La Cañada Real

La Cañada Real es un poblado marginal a solo unos kilómetros del centro de Madrid. En él se mezclan las chabolas con algunas casas de buen ver y costosos automóviles a la puerta. Pobreza y dinero fácil en el que dicen ser el mayor supermercado de la droga en la Unión Europea. Inmigración ilegal en un país con millones de parados, gentes nacidas dentro y fuera de España que comparten el mismo submundo, aunque también en aquella sociedad haya clases.

Las viviendas dignas del artículo 47 de la Constitución son un derecho de los españoles (no de los extranjeros), pero carece de aplicación directa. Todo depende de las circunstancias económico-sociales y de las decisiones político-administrativas. El cuadro tercermundista no necesita de mayor explicación. Quizá sería remarcable, en cualquier caso, la abundancia de niños con un futuro tan negro como su presente.

Ahora toca aguantar las inclemencias de una ola de frío sin igual en la España de los últimos treinta o cuarenta años. La principal diferencia con la situación de otras veces es, no obstante, que algunos vecinos de la Cañada Real carecen de suministro eléctrico desde hace semanas o meses. Esto ha suscitado las perfectamente explicables quejas de rigor, pero también una crítica que, dirigida en exclusiva a las autoridades y a la empresa energética, guarda silencio absoluto sobre la causa inmediata de lo que está ocurriendo.

Parece que el cultivo de marihuana en la zona consume ilegalmente grandes cantidades de electricidad, lo que provoca la caída de la red en perjuicio de todo el vecindario. Pues bien, entre las numerosas reclamaciones que nos transmiten los medios de comunicación ninguna se refiere a dichas plantaciones, que es donde está la raíz de un problema relacionado con el narcotráfico.

O aquellas inculpaciones son una falacia o habrá que buscar otra explicación para los cortes de energía eléctrica. De ser verdad, la respuesta sería localizar los cultivos -con ayuda de los vecinos- y proceder penalmente contra cuantos se lucrasen de aquellos delitos contra la salud pública.

Debemos resistirnos a ver como normal un mundo al revés. La empresa suministradora de electricidad no tiene por qué regalarla a nadie, corriendo además con el coste de las continuas reparaciones que una eficaz intervención policial evitaría. No es la culpable de lo que sucede en el poblado, sino una de sus víctimas. Muy por detrás de muchas de las personas que allí malviven, pero víctimas también del abandono de la Cañada Real por parte de los llamados a corregir sus carencias y condiciones. O sea, la sociedad española en su conjunto.