Un Centro Sanitario de Vida y Esperanza

El Ministerio de Defensa ha iniciado el Año Nuevo con la Orden Ministerial 1/2021 por la que, en su 125 aniversario, el Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla pasa a denominarse “Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla. Centro Sanitario de Vida y Esperanza”. Se conserva la anterior denominación de Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla, pero se añade eso de Centro Sanitario de Vida y Esperanza sin saber muy bien el porqué. En todo caso, me parece, con perdón, un desatino más en la deriva oficial e institucional del español hacia la ampulosidad y la vaciedad idiomática de los últimos tiempos.

Naturalmente, el Gómez Ulla, como es conocido popularmente ese emblemático centro hospitalario, necesitaba de un nombre más completo y solemne en nuestro organigrama sanitario, pero ya lo tenía suficientemente identificativo y largo. Lo de “Centro Sanitario de Vida y Esperanza” tiene más resonancias psicológicas, morales y aun religiosas que sanitarias y, de otra parte, no sería una singularidad del Gómez Ulla, sino algo predicable de todos los hospitales, clínicas, dispensarios y sanatorios. El Hospital Universitario de Madrid, el Carlos III, La Paz, el Gregorio Marañón y el Doce de Octubre podrían, o deberían, seguir el ejemplo y completar sus denominaciones con la misma referencia a la Vida y a la Esperanza. Y de ahí para abajo hasta la más modesta Casa de Socorro. ¿O es que fuera del Gómez Ulla no hay Vida ni Esperanza?

De cualquier modo, para evitar la discriminación no es absolutamente necesario repetir al pie de la letra la iniciativa ministerial. También caben, al igual que en las campañas publicitarias, acudir a otras fórmulas similares pero no menos ingeniosas. Así “Esperanza y Vida” en lugar de “Vida y Esperanza”, o “Fe, Esperanza y Caridad” para quienes se consideren católicos, o “Atención Multidisciplinar, Horizontal, Transversal, Solidaria y Empática” para otro tipo de pacientes.

Si los restantes centros de vida y esperanza de este país llamado España, tanto públicos como privados, se aprestan a seguir el ejemplo para no quedarse atrás en su honrosa autodefinición, la distinción otorgada al Hospital Central de la Defensa Gómez Ulla sólo sería una anécdota pintoresca sin otros costes que los ocasionados por los cambios de cartelería, insignias, papel de escribir y logotipos.

Lástima que, además, uno piense que tras la ley de eutanasia mejor habría sido no meterse en florituras sobre el cometido de los hospitales o de un determinado hospital. Los centros de Esperanza y Vida lo son también, desde ahora, de Muerte (digna, por supuesto). Quizá la innovación tampoco haya sido temporalmente oportuna.