Diego Armando Maradona

La muerte del futbolista Diego Armando Maradona ha desatado escenas de dolor pero también de histeria colectiva como pocas veces había ocurrido anteriormente. Aunque pueda recordarse algo similar en relación con otros destacados deportistas o estrellas de la música moderna o del espectáculo, lo que hemos visto estos días se presta a algún comentario crítico, no tanto por el ídolo argentino como por el fanatismo de muchos de sus seguidores.

Respeto los gustos del prójimo. Cada uno se gasta sus dineros y expresa sus sentimientos como le place. Es asimismo libre para encumbrar como celebridad mundial a quien tenga por conveniente. Debiera haber, sin embargo, unos límites que en ocasiones como esta o no existen o se saltan a discreción. Maradona se ganó a golpe de balón la adoración, el agradecimiento y ahora el dolor de todos aquellos a los que había alegrado la vida como excepcional futbolista. Se comprende igualmente, pero con reservas, la especial consideración de héroe nacional por el triunfo de la selección blanquiceleste frente a los ingleses que poco antes y sin apenas despeinarse habían humillado a los argentinos en la guerra de las Malvinas.

Pero, de nuevo un pero, porque su figura humana no ha sido, ni de lejos, tan admirable. Es cierto que, como otros muchos deportistas de origen humilde, supo ascender social, económica y públicamente como pocos lo habían conseguido hasta entonces. Amigo de Fidel Castro, visitante ilustre del Vaticano y bienrecibido en los centros de poder de medio mundo, el consumo de cocaína le acompañó con desintoxicaciones y recaídas hasta el fin de su vida. No es cosa de, precisamente ahora, recordar sus problemas familiares y en particular paternofiliales. Digamos sólo que el futbolista Diego Armando Maradona, luminosa estrella del futbol contemporáneo no nos vale como ejemplo a seguir fuera del deporte y menos para la juventud, antes al contrario. Toda su vida habría sido, fuera de los estadios, un fracaso por etapas hasta morir más o menos solo a los sesenta años.

Descanse en paz.