El coronavirus visto por un anciano

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Las primeras noticias sobre los estragos del coronavirus en España estuvieron especialmente ligadas a la mortalidad -alguien ha utilizado la palabra holocausto- en geriátricos y residencias de la tercera edad (o la cuarta). Recuerdo al Padre Ángel hablar en TV de los fallecidos con que, por decirlo así, se había encontrado un buen día en una de sus residencias, como si se tratase de un fenómeno imprevisible e inevitable. Y también la rápida reacción de la Fiscal General sobre la apertura inmediata de las investigaciones pertinentes. Pero han pasado muchos meses y, al parecer, nadie tiene la menor responsabilidad en la versión española de esta tragedia.

Luego resultó que los perros podían salir a la calle varias veces al día, acompañados de sus dueños naturalmente, mientras que los abuelitos, que por sus años mal podían ser deportistas, soportaban sin rechistar una reclusión en primer grado. No se les permitía siquiera ni cruzar la calle para conocer al nieto recién nacido o visitar a los hijos en la acera de enfrente. Eso sí, quedaban muy bien aplaudiendo desde los balcones.

Pero dejemos las anécdotas. Lo verdaderamente importante es que de los 60.000 fallecidos, muerto más o menos, parece que la inmensa mayoría eran viejecitos y que, de nuevo, tras algunas semanas con infectados de menor edad, la mortalidad vuelve a centrarse en el colectivo de nuestros mayores, como se nos llama cariñosamente.

Algunos jóvenes creen, quizá con razón, que el contagio no es más peligroso y letal para ellos que el botellón o las excursiones en moto. Y la posible transmisión del virus a los padres o abuelos no les preocupa demasiado. Hablo, naturalmente, no de la juventud en general sino de aquellos jóvenes y no tan jóvenes para los que su diversión colectiva y desenfadada cuenta por encima de todo.

No habría estado de más tipificar como delitos estos comportamientos contra la salud pública, pues, como cabría imaginar, la amenaza de una multa no es muy efectiva. Bastantes jóvenes son insolventes y pasan de lo que la broma pueda costarles a sus padres en el caso improbable de que las multas lleguen a ser firmes y ejecutivas. La inseguridad jurídica, con normas que entran en vigor en el momento mismo de su publicación en el correspondiente Boletín Oficial no garantiza, precisamente, la eficacia de unas multas administrativas cuyo impago no implica nunca privación de libertad, sino solamente prestar unos trabajos en beneficio de la comunidad, costosos y de difícil configuración práctica.

Los medios de comunicación nos informan un día sí y otro también de los jolgorios sin mascarillas ni distancias personales. En ocasiones, cientos de ellos en la misma ciudad.

Menos mal que en el horizonte se vislumbra el descubrimiento de una vacuna efectiva contra el coronavirus, pues en otro caso no habría que pensar en el posible regreso a la reclusión domiciliaria, o confinamiento domiciliario, del anterior estado de alarma, sino en el estado de excepción.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.