Vocabulario para una pandemia

toque de queda

La lucha contra el coronavirus no sólo presenta imprecisiones, contradicciones y lagunas en el ámbito sanitario, sino también en otros terrenos como el jurídico y, lo que es objeto de esta columna, el semántico. Hablamos de distancia social, de confinamiento, confinamiento perimetral y de toque de queda, expresión ésta última olvidada hasta que hace solo unos días nos la redescubrieron los franceses. Siempre es bueno aprender del prójimo.

La adjetivación de la distancia común como social puede provenir de algún instrumento internacional, donde quizás se explique en un particular contexto, pero poco significa en castellano o español, donde la distancia, por lo general y mientras que no se recurra a un sentido figurado, es física y medible conforme al sistema métrico decimal. La pretendida distancia social se entendería mejor como la que separa a ricos y pobres, a los urbanitas y a los últimos pobladores de la España vacía.

De otro lado, llamamos confinamiento a lo que realmente sería una reclusión domiciliaria, en tanto que no se podría abandonar la propia casa. El confinamiento consiste -y ahí están sus efectos cuando aún era una pena en nuestros códigos- en no traspasar unos límites territoriales que se referirían lo mismo a un término municipal que a toda una isla (la de Fuerteventura en el caso de Unamuno). Dentro de aquel espacio el confinado se mueve libremente y hace una vida normal.

Lo del confinamiento perimetral es una redundancia, puesto que todo confinamiento precisa de un perímetro. Se daría, por ejemplo, con el aislamiento de los vecinos de un barrio que no pueden trasladarse al vecino. Tras el primer estado de alarma nos aplicaron confinamientos colectivos en sustitución de las anteriores reclusiones domiciliarias.

Finalmente, gracias a la iniciativa de París, coincidiendo con el segundo estado de alarma, hemos sacado del cajón de los recuerdos el toque de queda. Se nos había olvidado, pero ha venido a renovar nuestro arsenal de medidas frente a la pandemia. Una bienvenida novedad cuando llevamos meses dándole vueltas a las cifras de infectados o fallecidos, al grado de ocupación de los hospitales y al rechazo de las mascarillas por muchos irresponsables.

El toque de queda es una reclusión domiciliaria sólo por la noche. No será una panacea para evitar los festejos y aglomeraciones en los domicilios particulares, pero los del jolgorio habrán de quedarse allí hasta la mañana siguiente. Ignoramos si se adoptarán otras medidas similares contra el coronavirus, así como cuáles serían sus denominaciones (si las tuvieran) en la normativa correspondiente y en el lenguaje de la calle. Seguiremos informando.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.