El coronavirus, la Moncloa y la Puerta del Sol

Comunidad de Madrid

La Comunidad Autónoma de Madrid ha tomado determinadas medidas en algunos barrios o distritos de la capital para combatir la segunda ola del coronavirus o, como otros prefieren decir, sus previsibles rebotes a la vuelta del verano. Consisten aquellas, fundamentalmente, en aislamientos colectivos y territoriales frente al resto de la ciudad. Sólo se entra o se sale de las zonas afectadas cuando hay razones justificadas, entre ellas unos frecuentes desplazamientos laborales poco compatibles con las fronteras sanitarias.

El equilibrio entre la lucha contra la pandemia y la necesidad imperiosa de evitar un colapso economicosocial de terribles consecuencias se presta a la pluralidad de opiniones que, aun siendo todas bien intencionadas, también son todas discutibles puesto que desconocemos cuál sería su resultado. Es imposible que las comunidades autónomas puedan disponer por sí mismas confinamientos generalizados sin previa declaración del estado de alarma por quien proceda. Las medidas adoptadas en la Puerta del Sol no han recluido a las personas en sus casas, sino que han restringido su movilidad exterior respecto a su entorno.

Y aquí viene mi queja por el desconocimiento absoluto de la ciudadanía sobre el objeto de las desavenencias entre la Comunidad y el Gobierno de España. Hubo una reunión que terminó con el respaldo de los responsables ministeriales a las medidas comunitarias, pero cuarenta y ocho horas después se las critica como insuficientes, sin que se digan ni el motivo del nuevo enjuiciamiento ni cuáles debieran ser, en su caso, las nuevas medidas.

Ignoro, para empezar, si el principal punto del desacuerdo es la posible extensión a toda la capital de las limitaciones sólo vigentes hasta hoy en parte de la ciudad. Y tampoco tengo la menor información sobre el contenido de esas medidas más duras que, como imprescindibles, habrían de imponerse, cuanto antes mejor, por la propia Comunidad o subsidiariamente por el Gobierno de la Nación.

Si no es mucho pedir, me gustaría saber de qué va la cosa. Hablamos mucho, pero tenemos una cierta alergia a la concreción. No se trata, como se dijo, de buenas intenciones, sino de la gestión de una pandemia que ya nos ha costado muchas decenas de miles de muertos. Es evidente, por otro lado, que el problema en la capital de España no se arregla atendiendo a supuestos agravios comparativos con otras comunidades o poblaciones.

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