Presunción de inocencia e igualdad ante la ley

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La presunción de inocencia, recogida en el artículo 24.2 de la Constitución, se enmarca en el proceso penal (y si se quiere, también en el administrativo sancionador), de forma que sólo un tribunal puede pronunciarse sobre la infracción por la que se impone una pena, empezando por la afirmación de haber pruebas suficientes para dar por ciertos los hechos imputados. Desgraciadamente, sin embargo, y no sólo para los ciudadanos de a pie, la absolución se identifica con la inocencia en sentido estricto, cuando en realidad la mayoría de aquellas absoluciones no nieguen la existencia de la conducta delictiva. La absolución más frecuente se produce por insuficiencia probatoria. También puede ocurrir que, como sucedió con los chanchullos multimillonarios de las Torres Kio, haya que absolver por prescripción del delito a pesar de que estuvieran plenamente acreditados los hechos objeto de acusación.

El dilema entre culpable e inocente, tan repetido en las películas americanas con jurado, puede encontrarse en la base del error que aquí apuntamos. Un malentendido que a veces sirve para manipular la opinión de una ciudadanía que no puede castigar penalmente al convicto, y quizás confeso, pero si considerarlo, por ejemplo, como a un estafador de altos vuelos. Piénsese igualmente en el pedófilo que hubo de ser absuelto por el mero trascurso del tiempo, con o sin dilaciones indebidas de la propia administración de justicia.

De este tema me he ocupado ya en algunas ocasiones, por lo que paso ahora a una segunda muestra de problemática expresión jurídica. Se nos llena la boca con la igualdad de todos los españoles ante la ley (artículos 14 y 149.1.1a de la Constitución), pero puede suceder que la misma norma establezca las desigualdades. Así sucede cuando el artículo 56.3 de nuestra Ley Fundamental declara que la persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Ahora no se pretende analizar la muy dudosa justificación de tales privilegios, sino de subrayar que el significado literal de aquella expresión sobre la igualdad no coincide con el que se le suele otorgar en los medios de comunicación o en las tertulias.

Una cosa es que todos seamos iguales a la hora de estar sujetos a la ley y otra muy distinta – me ciño al ámbito penal- , que a todos se nos trate por igual si hemos delinquido. Y es que la presunción de inocencia poco importa para quien ni siquiera se sentará en el banquillo por declaración expresa de la Constitución.

También los aforamientos evidencian que el bonito dicho de la igualdad ante la ley sólo es cierto según y cómo se entienda .

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