Reflexiones sobre el coronavirus

Quizá sea un efecto difuso de la pandemia, pero cada vez se entiende menos lo que se nos predica sobre el modo de evitar su propagación. Primero fue lo del uso de las mascarillas, desaconsejado inicialmente porque, de un lado, no serviría de mucho, y de otro porque la población se asustaría más de lo debido. Después se nos dijo que mal podría haber sido obligatoria su utilización cuando aún no disponíamos de ellas. La explicación no era muy satisfactoria pero tenía una cierta lógica. No es eso, sin embargo, lo que ocurre con otras medidas.

Dejemos de nuevo para otra ocasión el fallecimiento masivo de muchos miles de ancianos en residencias y establecimientos geriátricos, algo que a mí me recuerda la matanza de los santos inocentes, no sé por qué. De manera que pasaremos a otras cuestiones de mayor relevancia en el camino hacia esa llamada “nueva normalidad ” que cada uno se imagina a su manera.

Pese a disfrutar de la televisión horas y horas, no sé si el distanciamiento mínimo de metro y medio es o no, con carácter general, una alternativa al uso de la mascarilla. El sentido común se inclina por el sí, puesto que mal se infectará un prójimo o próximo inexistente. Pero el problema está ahí y cualquier agente de la autoridad nos lo resolverá sobre la marcha para multar o no según su leal saber y entender.

En cuanto al control sanitario de los viajeros que lleguen a nuestros aeropuertos, me temo que la teoría se aleja bastante de la realidad. Y es que, a pesar de que ese control consta realmente de tres, ninguno de ellos ofrece muchas garantías. El resultado negativo en la toma de temperatura puede tener un valor indiciario a favor de la buena salud del recién llegado, pero nada más. Las otras dos precauciones, el formulario que rellenará el viajero y la cuidadosa observación de su rostro, suponemos que por personal altamente cualificado, dicta mucho de suscitar confianza. Son, al contrario, el reconocimiento de que caminamos por la cuerda floja entre la lucha contra la pandemia, y, simultáneamente, contra la terrible crisis económica como secuela de aquella.

Estas líneas no son una crítica a lo que se hace o se deja de hacer en esta materia, sino un comentario sobre algunas dudas y reservas que presenta la regulación legal a propósito del coronavirus y su transmisión a la ciudadanía en los medios de comunicación.