Los “okupas” hacen su agosto

Si usted nota que le han robado la cartera, ve también al ladrón con ella todavía en la mano y tiene la suerte de que en ese momento aparezca un guardia y detenga al individuo (o a la individua) no habrá problema. De inmediato le devolverán la cartera con todas sus pertenencias. No tendrá que esperar a la condena del ladrón ni acudir a un procedimiento civil que puede durar meses y meses.

Sin embargo, con la “okupación “ de un piso o apartamento en lugar de la sustracción de su cartera todo varía. Hay un delito en el artículo 245.2 del Código Penal bastante claro: “El que ocupare, sin autorización debida, un inmueble, vivienda o edificio ajenos que no constituyan morada, o se mantuviere en ellos contra la voluntad de su titular, será castigado con la pena de multa de tres a seis meses.” Adviértase que no se exige siquiera la condición de morada habitual o primera vivienda, pero aquí , me temo que por razones ideológicas más que jurídicas, la justicia penal suele ser tan insatisfactoria como tardía. Lo que viene a ser lo mismo. Una vez que el “okupa” no ofrece ninguna explicación lógica sobre la ausencia de consentimiento del propietario o de algún representante suyo, procedería la rápida devolución de lo “okupado” a su dueño. Luego, cuando fuera, se celebraría el juicio penal contra los presuntos responsables de un delito.

La desviación de estos casos de delito fragante a la jurisdicción civil es una corruptela cuyas consecuencias entran ya en el capítulo de la seguridad pública. Hay bandas de profesionales que “okupan” para luego alquilar aprovechando la pasividad de las autoridades. Los propietarios pueden ser bancos u otras entidades mientras que los “okupas” siempre son familias sin techo. Esto último, sin embargo, no es el caso más común . Una cosa es el excepcional estado de necesidad como eximente completa o incompleta en la responsabilidad de quien ha cometido un hecho tipificado en el Código Penal y otra, la proliferación de esta delincuencia como algo natural, sobre todo en determinados barrios.

Leemos que las “okupaciones” de segundas viviendas se han multiplicado a raíz del confinamiento, lo que es perfectamente lógico. Me abstengo de dar números para no asustar a quienes confían en poder disfrutar las próximas semanas su apartamento o vivienda en la costa. Si se los encuentran “okupados” se les acabaron las vacaciones y, con un poco de mala suerte, se gastarán después sus buenos euros hasta volver a disfrutar de lo suyo. Ya se sabe, si todo va bien al “okupa” se le impondrán una multa de escasa cuantía. Solo los optimistas se creen eso de que la Justicia siempre gana.

Por cierto, este delito de usurpación es público, no necesita siquiera petición de parte, y debe ser denunciado por todo el que no conozca en los términos que se recoge en la Ley de Enjuiciamiento Civil.