Los gabinetes de prensa en la Administración de Justicia

La pandemia del coronavirus ha monopolizado todo protagonismo en nuestras inquietudes y problemas. El independentismo radical catalán. El paro residual, pero no tanto. El cambio climático, con una Greta  desaparecida y una mejora evidente en el cielo de Madrid, como bienvenido efecto colateral. O las últimas noticias no muy ejemplares a propósito de las finanzas del emérito Rey Juan Carlos I. Son cuestiones que antes o después volverán a ser actuales, y con las consecuencias de la propia pandemia, condicionarán nuestra vida tanto en lo cotidiano como en lo institucional.

En este escenario es obvio que todo cuidado será poco para evitar incidentes como el surgido entre el gabinete de prensa del Tribunal Supremo y el Gobierno catalán, del que, como es sabido, depende la Administración Penitenciaria en aquella Comunidad Autónoma. Si he leído bien, el repetido gabinete emitió algo así como una nota informativa sobre lo que el Alto Tribunal podría hacer si a los condenados en el procès se les autorizara a confinarse en su casa sin estar calificados en tercer grado. Hoy disfrutan únicamente de un programa específico de tratamiento, aprobado por el Juez de Vigilancia.

Creo que todo organismo tiende a ampliar su abanico de competencias, como creo en la solvencia de estos gabinetes en su tarea de aproximar la Justicia a los justiciables, o sea, a la ciudadanía. Pero dicho esto, he de recordar que los Jueces y Tribunales sólo hablan a través de sus resoluciones, por lo que los repetidos gabinetes han de tener un cuidado exquisito en no publicar sus puntos de vista sobre lo que el correspondiente Tribunal hará posible o probablemente en el ejercicio excluyente de sus funciones específicas. No es preciso añadir, a mayor abundamiento, que en nuestro caso todo se complica con un complejo sistema de recursos nunca puesto a prueba en una ejecutoria tan importante y novedosa como la presente.

Ahora, cuando la Junta de Tratamiento de la prisión catalana no se ha pronunciado en el sentido deseado por los reclusos, vienen las quejas, quizás también por vía jurisdiccional, sobre el posible efecto difusamente coactivo de la nota del gabinete de  prensa del Tribunal Supremo. Mucho me guardaré de opinar sobre el fondo de la polémica. Me limito a hacer una pregunta: ¿era necesario este incidente en un tema tan delicado?. Mi respuesta es no.