El coronavirus en nuestra residencia de ancianos

Nos parece muy bien que, como hemos conocido por la televisión, la Fiscalía General del Estado se preocupará en el futuro por las numerosas muertes que el coronavirus ha causado en nuestras residencias de ancianos. Aquí no se trata de una o dos personas concretas, con nombres y apellidos, sino de elevadas cifras de infectados, de las que nos enteramos sin noticia previa alguna y, es así con fallecimientos que superan frecuentemente la docena. Dicho en castellano y sin rodeos: un desastre que no puede pasar como una incidencia más de una pandemia que nos ha cogido de sorpresa y con la que poco más cabría hacer, sino que ya, con mejor o peor acierto, se está haciendo.

Quiero decir que si aún, lo del valor de la vida en todo momento y circunstancias sigue teniendo algún sentido real, y si las residencias de ancianos han  de atender a las contingencias médicas de esas personas de avanzada edad, no basta entonces con que, una vez difundido lo sucedido en muchos de ellos, a lo largo y ancho de la geografía española, residencias oficiales, residencias particulares y alguna otra como la del Padre Ángel, Monsterrrat Caballé, que, contra lo que podría pensarse es de alto nivel social. Para todas valen las mismas preguntas, empezando por la de si nadie se había enterado, tras las semanas de coronavirus en China que los mayores eran un grupo especialmente vulnerable. Se apunta también aquí a las autoridades sanitarias, que como en su caso, debió partir la preocupación por la suerte de nuestros mayores en residencias donde presumiblemente habrían de pasar el resto de sus vidas con un cierto confort y bien atendidos, excepto, como se ha visto, en cuanto a la atención procedente en una coyuntura que afecta a sus vidas.

Mucho me guardaré de adelantar responsabilidades penales, pero creo que las vidas truncadas de docenas o centenares de estos ancianos  absolutamente dependientes de su respectivas residencias, bien merece la atención del Fiscal General. Para aplicar el consabido “aquí no se pudo hacer nada” habrá que probar que efectivamente fue así. Pero quizá alguien tenía la obligación de haberse enterado de lo ocurrido en China y, por consiguiente de las medidas que debían haberse tomado inmediatamente en España.

A veces se nos dan detalles del fallecimiento de una enfermera infectada, lo que entra en la normalidad informativa del fenómeno. Pero con los ancianos todo varía. No hay referencias individuales, sólo se nos dice que aquí murieron quince, treinta mas allá, etc ,y que en ocasiones  el resto de la población residencial está infectado. Sobre la contabilidad en estos casos hay un tamiz modelo. Todos los gestores exigen ahora ¡¡ a buenas horas !! más medios materiales de la Administración, los que curiosamente, no echaban en falta hasta enfrentarse con el coronavirus.