Los abuelos en tiempos del coronavirus

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Lo que sabemos sobre el coronavirus no es suficiente para calcular la evolución de la pandemia. Como ni todavía tenemos una vacuna contra la enfermedad ni disponemos de un tratamiento específico para la misma, nos quedamos con unas cuantas recomendaciones válidas para la gripe vulgar y otros procesos virales: guardar las distancias, lavarse mucho las manos, no tocarse en la cara y algunos otros consejos por el estilo. Luego, como remate, el socorrido llamamiento a guardar la calma dentro de una preocupación razonable.

Lo que yo, persona de avanzada edad, no entiendo bien es que las informaciones objetivas sobre la evolución del coronavirus en España no sean más detalladas. Si se nos dice que este virus es particularmente peligroso para los señores (y señoras) de la tercera edad (o cuarta), y ahora resulta que los niños abandonan los colegios para pasar más tiempo con sus abuelos (si los hubiera disponibles), quizá nos interesara conocer algunos datos concretos como el de las infecciones y muertes por grupos de edad. Así podríamos opinar mejor sobre determinadas medidas, sopesando sus ventajas e inconvenientes también desde la perspectiva de este envejecido sector de la población.

Los medios de comunicación españoles, al igual que los comunicados oficiales, pasan olímpicamente del tema pero, por fortuna, no sucede lo mismo en el extranjero. Por ejemplo, en la prensa alemana, pese a que allí, con sólo cinco muertos, la situación no es, hoy por hoy, tan sombría como en España.

La señora Merkel estima que sufrirán la enfermedad las tres cuartas partes de los alemanes, lo que alcanzaría a bastantes millones de ancianos. Y en el prestigioso rotativo “Der Spiegel” encontramos por fin cifras concretas de lo que está ocurriendo en China. Según Wiener, Jefe del Robert Koch Institut, en aquel país el número de personas infectadas entre 60 y 69 años es de 3,6 %, mientras que entre los 70 a 79 años se pasa al 8 % y por encima de los 80 al 14,8 %. Los datos proceden de las propias autoridades chinas.

El sacrificio de los abuelos por sus nietos, sobre todo cuando su colaboración hace falta para llenar un vacío familiar, seguirá siendo lo normal, pero eso no es óbice para que conozcamos con algún detalle aritmético lo que su esfuerzo significa cuando están en juego la enfermedad y la muerte.

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