El bombardeo de Dresde

Entretenidos con los festejos de San Valentín, puede parecer de mal gusto recordar la masacre perpetrada en Dresde por la aviación británica durante la noche del 13 de febrero de 1945. Bien está que se condenen los gravísimos crímenes del régimen nacionalsocialista, empezando por el holocausto (quizá la mayor salvajada en la historia de la humanidad), pero no es justo olvidar los que, cometidos por los vencedores en cada ocasión, se diría que fueron catástrofes naturales de las que ningún gobierno tiene por qué responder.

El asesinato de 10.000 o 15.000 oficiales polacos en el bosque de Katyn fue incluso atribuido a los acusados en el juicio de Nüremberg , o al menos se intentó, por parte de la Unión Soviética, verdadera autora del mismo. Valga el caso como ejemplo de hasta dónde llega el “ay de los vencidos” del caudillo galo Bruno a las puertas de Roma.

Más imperdonable fue, sin duda, el asesinato indiscriminado de decenas de miles de japoneses, población civil de Hiroshima y Nagasaki , sacrificados como demostración del poderío militar alcanzado por Estados Unidos. Es evidente que tal exhibición de fuerza podía haberse hecho en un escenario más respetuoso con la vida humana, suponiendo que el recuerdo de Pearl Harbor no hubiera jugado un papel decisivo en la elección de los objetivos. Pero ya antes de estos lanzamientos de la bomba atómica se había aplicado un tratamiento similar, y seguramente por razones no muy distintas, en Dresde, capital de Sajonia, en Alemania, cuando la guerra llegaba a su fin en Europa.

Dresde, que se había librado hasta entonces de los bombardeos masivos que habían arrasado Berlín, Hamburgo, Colonia y otras grandes ciudades alemanas, carecía de todo interés militar o estratégico. Hasta se pensaba que quizá fuera respetada para convertirse en la capital de Alemania tras su incondicional derrota. Pero no nos apartemos de los hechos.

Fueron unos trescientos bombardeos británicos los que arrasaron Dresde en la noche del 13 al 14 de febrero de 1945. La ciudad estaba repleta de refugiados del este de Alemania que huían del avance soviético. Se calcula – aquí los cálculos son muy dispares – que se arrojaron unas mil toneladas de bombas explosivas y unas cuatrocientas de bombas incendiarias. Dresde se convirtió en un infierno que costó la vida a un número indeterminado entre cuarenta mil y ¡doscientas mil! personas.

Seguramente, Inglaterra no había olvidado ni los bombardeos de la Luftwaffe sobre las islas ni los impactos de las bombas volantes, las famosas V1, en Londres. La palabra “coventrizar” era un neologismo acuñado tras la destrucción de Coventry por la aviación alemana. Había llegado la hora de una venganza que serviría además para acelerar el colapso del enemigo. Otro crimen masivo que quedó impune porque fue perpetrado por los vencedores de la contienda. Conviene repasar la Memoria Histórica también fuera de nuestras fronteras.