SCHAFFNERLOS

Mi amigo era un alto cargo en Naciones Unidas y, si no recuerdo mal dirigía un proyecto de ayuda a los países del pacto andino. Hablaba el inglés como un nativo y dominaba el francés, pero el alemán se le hacía un poco cuesta arriba. Un verano tuvo que acudir a la sede de Naciones Unidas en Viena para recibir información y rendir cuentas. Sabía que yo visitaba esa ciudad con relativa frecuencia y me pidió que le recomendara un céntrico hotel que, además, estuviera bien comunicado con el centro de la ONU en una isla del Danubio. No me fue difícil atender a su ruego. Yo solía alojarme en el hotel Ambassador, en la Kärtnerstrasse, a la derecha según se baja hacia la catedral de San Esteban, a muy pocos metros de distancia.

En la parte posterior del hotel había varias estaciones de tranvías, algunos de los cuales paraban justo ante aquella sede de la ONU. Total, que la recomendación no pudo ser más acertada, y no me refiero sólo a las condiciones del hotel, sino también a la comunicación con el que iba a ser destino diario de mi amigo. Todo había sido, también en ese segundo aspecto, un completo acierto. Mejor de lo que yo esperaba, pero, eso sí, peligrosamente mejor.

A su regreso a Madrid, mi amigo me dijo que sus recorridos en tranvía habían sido una gozada, sin problemas de ninguna clase. Había reparado pronto en que todos los que iban a Schaffnerlos paraban efectivamente ante el edificio de Naciones Unidas. El hombre creía que Schaffnerlos era la estación final en cada caso y que daba la feliz casualidad de que la que a él le interesaba estaba siempre en el correspondiente trayecto. Pero la realidad era que había tenido la suerte de su lado. Schaffnerlos no es el nombre de ninguna estación. Sólo significa, literalmente, “Sin cobrador” .

Valga esta anécdota de aviso de navegantes. O de turistas.