La Guardia Civil

La Guardia Civil ha cumplido 175 años. Fue el 13 de mayo de 1844 cuando don Ramón María Narváez, presidente del Consejo y ministro de la Guerra, presentó a la firma de la Reina Isabel II el correspondiente real decreto. Es, sin embargo, don Francisco Javier Girón Espoleto, Duque de Ahumada quien, como promotor de la Benemérita ha pasado a la historia indisolublemente unido a esta españolísima institución. Su objetivo principal en aquellos tiempos fue limpiar de bandoleros nuestros caminos y carreteras.

Los tiempos han cambiado y hasta el tradicional tricornio ha quedado para las ceremonias y galas, pero el espíritu de la Guardia Civil, reflejado en su estricto sentido del deber, su ejemplar corrección en el trato con los ciudadanos y su neutralidad política, no ha cambiado un ápice. En vigor sigue, aunque no formalmente, la cartilla que les dio el propio Duque de Ahumada. Allí se lee que el guardia que realiza un servicio “no hace más que cumplir con su deber, y si algo debe esperar de aquel a quien ha favorecido, debe ser sólo un recuerdo de gratitud”. Así fue y así sigue siendo.

Los bandoleros con trabuco ya no son una preocupación nacional pero ahí tenemos a la Guardia Civil vigilando nuestro tráfico viario, combatiendo el contrabando y, sobre todo, persiguiendo los delitos y las corrupciones de toda clase y condición, como eficacísima policía judicial. Y si queremos referirnos a actuaciones concretas en nuestro más próximo pasado, nada mejor que recordar a los cientos de guardias civiles que dieron su vida por España, su Constitución y su Unidad en la lucha contra el terrorismo de ETA.

Allá por los 50, los jueces de primera instancia e instrucción tardábamos unos quince años en ascender a magistrados y ocupar un destino en alguna capital de provincia. Quiero decir que hablo con conocimiento de causa cuando alabo a la Guardia Civil y a los guardias civiles. Siempre encontré en ellos la mejor y más valiosa colaboración. Conocen el medio rural como las palmas de sus manos. La pareja de la guardia civil fue siempre la mejor garantía de seguridad, y aún de justicia, en esa España que ahora se nos vacía poco a poco.

Me sumo, pues, a los aplausos que tan merecidamente reciben los guardias civiles en cuantos desfiles participan, destacando quizás el del 12 de octubre en la capital del Reino. ¡Viva España! ¡Viva la Guardia Civil¡