Esquela con perritos

He leído una sorprendente esquela en el periódico de tirada nacional que más espacio dedica a los eventos mortuorios. No es que escaseen las esquelas con alguna particularidad. Yo tengo muchos ejemplos a disposición de los lectores. En alguna puede leerse que el difunto llegó al cielo a las 10,15 horas o que era jugador de golf o madridista. También hay otras en las que es el mismo fallecido quien participa su muerte e invita a su propio funeral. Pero esta última esquela carece, según creo, de todo precedente y rompe cualquier modelo tradicional.

La excepcionalidad consiste en que tras las personas que habitualmente ruegan una oración por el alma del difunto aparecen “sus perritos”. La novedad se presta a diversas consideraciones. Para sancionar, incluso penalmente, el maltrato de los animales (en la realidad solo de algunos) no hace falta atribuirles una personalidad jurídica que, además, estaría privilegiada por conllevar derechos pero no deberes. Hay acciones que merecen ser castigadas sin necesidad de tales construcciones porque infringen gravemente los sentimientos humanos. Pero dejemos las elucubraciones.

Lo que quisiéramos resaltar ahora es el salto cuantitativo de esta incorporación de los perros al ruego de una oración por el alma de sus dueños. La equiparación entre el animal y el hombre transciende de los afectos mundanos para llegar a las postrimerías del catecismo católico o de cualquier otra religión.

Es curioso que cuando ha desaparecido el director espiritual que antes encabezaba frecuentemente la lista de los desconsolados deudos, sea cuando se conceda a los perritos el derecho de admisión en la correspondiente esquela. Ojalá sea cierto que un grano no hace granero ni marca tendencia, pero no estoy seguro.

Lo del hermano lobo de San Francisco de Asís está muy bien en su contexto y la bendición de los animales el día de San Antón es una venerable costumbre. También se bendicen los establecimientos deportivos y los barcos de guerra, pero esto de la progresiva equiparación del animal con el hombre, incluso en el más allá, es otra cosa. El próximo paso sería la esquela pidiendo oraciones por la mascota muerta.