Todo por unas palabras

Un par de palabras de una sentencia sobre la escasa credibilidad que merecería Mariano Rajoy, que no era siquiera parte en aquella causa, desencadenaron una tenaz maniobra de acoso y derribo del entonces Presidente del Gobierno y llevaron por último a la moción de censura mediante la que Pedro Sánchez, el candidato del PSOE, le sucedió en la Moncloa.

Pero es que también la muy reciente convocatoria electoral por parte de Pedro Sánchez, adelantándose bastantes meses al final previsto para esta legislatura, arranca de dos palabras, relator y mediador, utilizadas por la vicepresidenta Carmen Calvo pocos días atrás a propósito de una novedosa mesa de partidos cuya relación monográfica con el problema catalán era evidente.

Para el Partido Popular, Ciudadanos y Vox dicha iniciativa, aunque no colocaba al Gobierno de España y al Gobierno Autónomo de Cataluña en un mismo plano, sí que apuntaba en esa dirección. Según se denunció, incluso desde las filas socialistas, por boca de líderes tan destacados como Felipe González y Alfonso Guerra, no había razón para puentear al Congreso. La figura de un moderador español o extranjero sería la tan consabida gota de agua que hace rebosar el vaso.

Los independentistas lograrían así, por la puerta trasera, un cierto reconocimiento paritario en el conflicto territorial con los constitucionalistas, sobre todo si el mediador acababa siendo uno de esos nombres especializados en intentar resolver conflictos internacionales. El foro sería pluripartidista, pero solo como forma de diluir en apariencia la bilateralidad sustantiva en el purulento tema de la independencia de Cataluña. Además, se hicieron las cosas tan precipitada y confusamente que ahí está la indignada reacción de una buena parte de la sociedad española.

La Vicepresidenta intentó corregir o matizar la referencia al mediador, refugiándose en la del relator, pero en sus respuestas a los periodistas sobre cuáles serían las funciones de uno u otro, se fue enredando cada vez más. Su relator tendría una intervención activa para dirigir el curso de los debates, de modo que terminaría identificándose con el mediador. Como algunos políticos han señalado, el relator propiamente dicho sería fácilmente sustituible por la pasiva y neutral grabadora.

Supongo que nunca sabremos con seguridad si esto del relator o mediador fue fruto de la improvisación de la Vicepresidenta, pero lo más probable es que la idea fuera del propio Presidente. En cualquier supuesto, un grave error en términos políticos, pues no solo la repetida iniciativa hubo de ser retirada rápidamente de la mesa, sino que en ella se encuentra el origen del radical cambio de escenario político desde entonces. Y restan por conocer sus últimas consecuencias.