Silencio coyuntural sobre la prisión perpetua revisable

Continúa el goteo de asesinatos machistas, con o sin violación de la víctima, y también se repiten los supuestos en los que el delincuente disfrutaba de un permiso carcelario, de un tercer grado e incluso de libertad condicional durante el cumplimiento de una condena impuesta por delitos similares apenas unos años antes. Y es que, en aras de una resocialización siempre deseable y constitucionalmente prevista como uno de los fines de la pena, pero no siempre posible, las instituciones penitenciarias españolas, incluidos aquí nuestros jueces de vigilancia, parecen pecar de un optimismo voluntarista para con determinados reos de pronóstico más que dudoso.

Si esto es así, como efectivamente lo es, y si las víctimas mortales de asesinos y violadores ya condenados por crímenes semejantes no son ninguna rareza en la España actual, llama la atención que pasen los años sin que el movimiento feminista no haya experimentado un rotundo giro a favor de la prisión perpetua revisable. Sabido es que dicha pena se halla recogida en los ordenamientos jurídicos de los países más avanzados, como Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Austria, Hungría y un largo etcétera, donde la alternancia entre gobiernos de derecha o izquierda ningún reflejo ha tenido en esta materia. Se diría que únicamente el núcleo duro del progresismo español sigue aferrado a la intransigencia absoluta.

Hemos leído estos días que los partidarios de la prisión perpetua revisable son hoy en España más numerosos que nunca, algo que se explica fácilmente con los recientes crímenes que nuestros medios de comunicación recogen en sus secciones de sucesos y crónicas de tribunales. Menos se entiende, por ello, que buena parte de quienes con tanto ardor se habían manifestado hasta ahora contra esta pena que tildaban de inhumana guarden hoy un riguroso silencio. A no ser que pesaran más los cálculos electorales que la defensa de los derechos fundamentales de la persona.

Días atrás oí en una de las ahora no muy frecuentes tertulias sobre esta materia que la repetida pena no debía admitirse en España por cuanto aquí se cometerían pocos delitos que la justificasen. El moderador pudo preguntar y preguntarse dónde estaba entonces el problema. Es obvio que, de disponer de ella, sólo se aplicará cuando proceda, pero en todo caso servirá a los fines de prevención general, tal y como sucede en los países de nuestro entorno, a los que mal podemos dar lecciones de democracia, principios humanitarios o, simplemente, derecho penal.