Inocentada judicial en Marbella

Hubo un tiempo en que Marbella sólo tenía un Juzgado de 1ª Instancia e Instrucción, primero en un viejo caserón con huerto y todo, como era corriente en los pueblos, pero después, llegados ya los años de un incipiente desarrollo económico, en un recién construido chalecito (palabra mágica entonces) con la entrada principal hacia la Avenida de Ricardo Soriano. Las dependencias judiciales se encontraban en la planta baja, mientras que la superior (no había más) servía de vivienda para su señoría. Se disponía también de un jardincito y de un pequeño porche en el que cabía a duras penas un modesto Seat 600.

Hasta aquí nada de particular. Lo curioso es que sobre la puerta del juzgado podía leerse una exhortación evangélica: “No juzguéis y no seréis juzgados”. O sea, toda una descarada invitación a la molicie y al pasotismo profesional. Se comprende la ocurrencia de una sola persona, pero cuesta más entender que ninguna de las autoridades que asistieron a la inauguración cuestionara la presencia de tal admonición precisamente en ese lugar.

Pasaron los años, se desdoblaron los carriles de la avenida y el chalecito sufrió las consecuencias. Perdió su zona ajardinada y con el aumento de tráfico se convirtió en una insoportable caja de resonancia. Alguna vez visité al colega de turno y puedo testificar que era imposible mantener una conversación en su sala de estar. Los camiones circulaban a cuatro metros de distancia y las paredes del chalecito temblaban a su paso.

El número de juzgados creció paulatinamente y los nuevos hubieron de ubicarse en otros lugares, pero la cita evangélica siguió adornando el chalecito hasta su demolición. Pienso que a un nuevo togado la cita del Evangelio de San Lucas en estas fechas podría parecerle una inocentada. Sobre todo si continuaba leyéndola por su cuenta: “no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis perdonados”.