Bienaventurados los que sufren persecución por la Justicia

Ignoro cuál sea actualmente el texto español de la octava bienaventuranza, es decir, el que hoy se enseña como oficial, si se me permite la expresión, por la Iglesia Católica en España. El que yo aprendí – clase diaria de religión en un colegio de jesuitas – no se entendía muy bien, pero era gramaticalmente sencillo: “bienaventurados los que sufren persecución por la Justicia porque de ellos será el Reino de los Cielos”. Se echaba en falta un poco más de concreción en el sentido de que la bienaventuranza solo se predicaba de quien sufría injustamente persecución por ser justo, y no de quien era llamado a responder de sus injusticias ante una Justicia justa.

Luego he sabido que Lutero se ocupó de esta expresión en su traducción de la Biblia y que también hay dentro del ámbito católico nuevas versiones en las que se sufre persecución “por causa de la Justicia”. Pero es obvio que estas dificultades exegéticas ningún papel juegan con la visita (¿pastoral?) de algunos obispos catalanes a los gerifaltes independentistas encarcelados como posibles autores de delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.

Nadie podrá tenernos por mal pensados si creemos que los prelados no pretendían en esta ocasión llevar consuelo religioso a unos descarriados sino solidarizarse con quienes, a su entender, son víctimas inocentes de la injusta Justicia española. Así las cosas, se me ocurre que la rama eclesiástica del independentismo a toda costa podría completar su campaña declarando a los dirigentes del golpe de Estado, no santos ni beatos, porque eso queda fuera de su competencia, pero sí bienaventurados. O Bienaventurados de la Orden Octava del Sermón de la Montaña, que suena mejor y hasta se presta a algún tipo de veneración.

Sobre el autor de esta publicación

José Luis Manzanares

Nació en 1930. Obtuvo Premio Extraordinario en la Licenciatura de Derecho por la Universidad de Valladolid (1952) y en el Doctorado por la Universidad de Zaragoza (1975).

Ingresó en la Carrera Judicial en 1954 y se jubiló como Magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo el año 2000. Es también Abogado del Estado (jubilado) y Profesor Titular de Derecho Penal (jubilado). Fue Vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial entre los años 1990 y 1996. Desde 1997 es Consejero Permanente de Estado.

Amplió estudios en la Universidad Libre de Berlín Occidental y en el Instituto Max Planck de Friburgo.

Ha pronunciado numerosas conferencias en España, Colombia, Cuba, Alemania e Italia.

Ha publicado más de un centenar de trabajos jurídicos, amén de nueve libros, entre ellos dos Comentarios a los Códigos Penales españoles de 1973 y 1995, habiendo participado en otros diez de carácter colectivo. También ha traducido algunos textos jurídicos del alemán, entre los que destaca la última edición (la 4ª) del Lehrbuch des Strafrechts (Parte General) del Profesor Jescheck. Ha llevado durante años la Sección jurisprudencial del Anuario de Derecho Penal y Ciencias Penales. La misma labor desarrolló en la Revista “Actualidad Penal”, de la que fue Director durante algunos años, desde su primer número hasta su cierre el año 2003. Es también autor de unos comentarios en 2 Tomos al vigente Código Penal tras su reforma por la Ley Orgánica 5/2010, editados por Comares, Granada. Su último libro, publicado el año 2012 por la editorial La Ley, de Madrid, se ocupa de “La responsabilidad patrimonial por el funcionamiento de la Administración de Justicia”.

Ha colaborado en algunos periódicos nacionales, como ABC, Diario 16, La Razón, El Mundo, El País, La Gaceta de los Negocios, La Clave, Epoca y Expansión, y semanalmente, durante muchos años en Estrella Digital. También en la revista alemana “Juristenzeitung” y otras especializadas de México y Argentina.