Bienaventurados los que sufren persecución por la Justicia

Ignoro cuál sea actualmente el texto español de la octava bienaventuranza, es decir, el que hoy se enseña como oficial, si se me permite la expresión, por la Iglesia Católica en España. El que yo aprendí – clase diaria de religión en un colegio de jesuitas – no se entendía muy bien, pero era gramaticalmente sencillo: “bienaventurados los que sufren persecución por la Justicia porque de ellos será el Reino de los Cielos”. Se echaba en falta un poco más de concreción en el sentido de que la bienaventuranza solo se predicaba de quien sufría injustamente persecución por ser justo, y no de quien era llamado a responder de sus injusticias ante una Justicia justa.

Luego he sabido que Lutero se ocupó de esta expresión en su traducción de la Biblia y que también hay dentro del ámbito católico nuevas versiones en las que se sufre persecución “por causa de la Justicia”. Pero es obvio que estas dificultades exegéticas ningún papel juegan con la visita (¿pastoral?) de algunos obispos catalanes a los gerifaltes independentistas encarcelados como posibles autores de delitos de rebelión, sedición y malversación de caudales públicos.

Nadie podrá tenernos por mal pensados si creemos que los prelados no pretendían en esta ocasión llevar consuelo religioso a unos descarriados sino solidarizarse con quienes, a su entender, son víctimas inocentes de la injusta Justicia española. Así las cosas, se me ocurre que la rama eclesiástica del independentismo a toda costa podría completar su campaña declarando a los dirigentes del golpe de Estado, no santos ni beatos, porque eso queda fuera de su competencia, pero sí bienaventurados. O Bienaventurados de la Orden Octava del Sermón de la Montaña, que suena mejor y hasta se presta a algún tipo de veneración.