La marcha hacia la Tierra (no) Prometida

Las elecciones andaluzas o, mejor dicho, su sorprendente resultado han monopolizado nuestros medios de comunicación. El PSOE dejará de formar gobierno en aquella Comunidad después de décadas ininterrumpidas de mayorías absolutas. De otro lado, Vox, el partido emergente que algunos tachan de ultraderechista pese a su autoproclamado constitucionalismo, ha logrado por primera vez en España el acceso a un parlamento autonómico, nada menos que con 12 escaños. Legítimas son, pues, las cábalas acerca de su futuro en las próximas elecciones generales, independientemente de cuando se celebren éstas. Como se dijo en su día a propósito de Ciudadanos y Podemos, puede que la llegada de Vox a nuestras instituciones obligue a distinguir entre un antes y un después.

Pero yo no quiero ocuparme ahora de las elecciones andaluzas, objeto de la inmensa mayoría de los comentarios del momento, sino, un poco para romper la monotonía informativa, de la reciente ausencia de toda información sobre la suerte de esas columnas de miles de hombres, mujeres y niños hondureños o de otros países de América Central que cruzaron Guatemala y avanzaban por México hacía la frontera sur de Estados Unidos, donde, no se sabe muy bien el porqué, les recibirían con los brazos abiertos.

Lejos de acompañar el relato con alguna observación sobre lo muy difícil, por no decir imposible, que sería alcanzar su objetivo contra la oposición repetidamente declarada de las autoridades norteamericanas, latían entre líneas el deseo y la esperanza de que al final todo tendría un desenlace feliz por eso de las buenas causas.
Lo malo es que ningún país, los Estados Unidos tampoco, pueden renunciar al control de sus fronteras, sobre todo para evitar una indiscriminada inmigración masiva. Y este principio no deja de ser cierto porque en la intentona multitudinaria haya mujeres y niños que, llegado el caso, harían más doloroso y peligroso el inevitable rechazo.

Por antipático que sea el Presidente Trump, ni siquiera sus adversarios demócratas le llevarán la contraria en la defensa de los controles fronterizos. Si cediera en esta ocasión, no serían miles sino millones los componentes de la próxima oleada. Alguien se equivocó (¿o no?) inspirando y organizando este movimiento de gentes hacia una frontera cuya apertura no estaba en sus manos.