El futuro de Gibraltar

El artículo 184 del Tratado de Retirada del Reino Unido como miembro hasta ahora de la Unión Europea se ocupa del método que habrá de utilizarse en las negociaciones futuras entre aquel Estado y la Comisión Europea. Se confía en que los muchos flecos que todavía quedan por cerrar lo sean en el plazo máximo de dos años. Este sería el caso de las relaciones con Gibraltar.

El texto omite la más mínima alusión al problema del Peñón o de la Roca, que ni siquiera se menciona, pero lo más preocupante es que también se silencie al Reino de España como protagonista en ese contencioso histórico, no con la colonia británica, sino con el Reino Unido como potencia colonial. Nos habíamos creído, porque así nos lo habían hecho creer, que España tendría siempre la última palabra sobre los particulares efectos del “Brexit” en nuestras relaciones con Gibraltar. Pero al final, nada recoge aquel Tratado sobre tan importante extremo.

Bien hizo el presidente Sánchez en denunciar lo ocurrido y anunciar el voto contrario de España si no se suprimía dicho artículo Sin embargo, en el último momento se ha dado por satisfecho con las promesas escritas de altos dignatarios del Reino Unido y de la Unión Europea en el sentido de que la interpretación correcta del repetido artículo 184 ampara las exigencias de España. Permítaseme, no obstante, un cierto escepticismo, al menos mientras que tales declaraciones no hayan sido avaladas y aprobadas parlamentariamente en Londres y Bruselas, sea como protocolo o en alguna otra forma cuyo carácter vinculante no admita dudas.

Es de temer que la descolonización de Gibraltar, incluida su variante descafeinada de soberanía compartida, continuará sobre la mesa muchos años cualesquiera sean las consecuencias inmediatas del “Brexit”. Por cierto, el Tratado de Retirada no tenía por qué entrar en problemas de soberanía como el que plantea la última colonia en territorio europeo. Otra cosa es que España aproveche la nueva coyuntura para insistir en su propuesta de cosoberanía hispanobritánica. Y otra que los gibraltareños, pese a las nuevas circunstancias, estén por la labor, es decir, por el izado de las dos banderas.