La Pedofilia

Papa Francisco

 Mucho se ha escrito últimamente sobre la pedofilia favorecida por las especiales condiciones concurrentes en el ámbito eclesiástico. Tómese esta expresión en su sentido más amplio, aunque con referencia particular a la Iglesia Católica. Se ha pedido perdón, se han hecho propósitos de enmienda y hasta vemos que, por fin, se están tomando medidas impensables hasta ayer mismo. Cabría esperar, que la generalizada aplicación del principio de que la ropa sucia se lavaba en casa - ¡si es que se lavaba! - pertenecería definitivamente al pasado.

Todo ello y en primera línea el reconocimiento expreso de esa ingente bolsa de pus arrastrada calladamente de siglo en siglo constituye un paso gigantesco en la buena dirección, pero aún persisten zonas oscuras que deben iluminarse cumplidamente para mayor credibilidad de las buenas palabras.

Esta pedofilia cualificada no era un secreto para nadie, así como tampoco cual era la respuesta de manual: negar la mayor e impedir que la infamia llegara a los tribunales ordinarios. Con eso, más el traslado del réprobo y quizá alguna indemnización de tapadillo se pasaba página.

No habido pues, sorpresas sobre la realidad de estas prácticas, verdaderos crímenes contra la juventud y la infancia, pero con efectos perversos de por vida. Como tampoco acerca del encubrimiento metódico como panacea  inspirada en la búsqueda del mal menor. Lo que llama la atención es que en el segundo escándalo, el del encubrimiento hipócrita, la asunción de responsabilidades deja bastante que desear.

Sabemos los nombres de algunos obispos y hasta cardenales que, según se nos dice ahora, encabezaron las tramas del silencio en Chile, en Pensilvania, Boston o Irlanda, pero nadie puedo hacernos creer ni que esta práctica - no había otra - era desconocida en el Vaticano, ni que allí nadie contribuyó, al menos por omisión, a la impunidad de este crimen de ilimitada extensión temporal y territorial.

En fin, que nos gustaría conocer algunos nombres de quienes, no ya en un país lejano, sino en el propio Vaticano, se pusieron de perfil ante el problema o negaron su existencia.

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