Un nuevo tropiezo con la doble incriminación

Bélgica ha rechazado la entrega a España del rapero Valtònyc, o sea, Miguel Arenas Beltrán, que se refugió en aquel país el pasado mes de mayo tras ser condenado a tres años y medio de prisión por los delitos de enaltecimiento del terrorismo, amenazas y calumnias e injurias graves a la corona. Me imagino que cuando se cursó nuestra solicitud se tendría en cuenta que una respuesta afirmativa podía tropezar con el principio de doble incriminación.

Antes de escandalizarnos con las negativas de Bélgica, o de Alemania, en supuestos más o menos similares, sería aconsejable recordar que en los países de refugio, se exige a veces para la entrega que los hechos por los que se acordó la prisión provisional o recayó condena no sólo sean delictivos en el lugar en que se realizaron, sino también en el país al que se dirige la demanda. Y, lógicamente, sobre esta segunda condición sólo puede pronunciarse la justicia del país de refugio. Nosotros no podemos entrar ahí. Se nos dice que estas conductas serían impunes en Bélgica o Alemania, pero sin entrar a valorar el derecho español o cuestionar nuestra jurisdicción penal.

Y es que, como escribí en  alguna anterior columna, los convenios de extradición, la forma más contundente de auxilio judicial internacional suele distinguir entre dos clases de delitos. De un lado, aquellos en los que para la entrega basta el auto de prisión o la sentencia condenatoria del estado solicitante y, de otro, una minoría de supuestos en los que por sus connotaciones políticas o las discrepancias sobre el alcance de los derechos fundamentales,  cabe que se consideren delitos en un país pero no en otros.

Lo dicho para los convenios de extradición, empezando por el europeo de 1957, vale también para el procedimiento abreviado de la Orden Europea de Detención y Entrega. Recuérdese de otro lado cómo, no ya un tribunal de un determinado país, sino el Tribunal Europeo de Derechos Humanos falló en su día contra España por considerar que la quema pública de fotografías de nuestro Rey estaba amparada en la libertad de expresión. Las cosas son como son, aunque no siempre nos gusten.

Se entiende el malestar por las negativas de algunos países a entregarnos a quienes fueron condenados en España con todas las garantías, o reclamamos para ser juzgados, pero eso no entraña ofensa alguna  a nuestros tribunales  ni se explica acudiendo a una nueva conjura judeo masónica o a venganzas históricas. Son las reglas de juego que nos hemos dado, España incluida, en la regulación internacional sobre la materia.