Bailén

Los niños españoles aprendimos en el colegio o en la escuela que nuestros soldados, a las órdenes del General Castaños, infringieron en Bailén el día 19 de julio de 1808 una gran derrota a las tropas napoleónicas del General Dupont, la más grande y transcendental para frustrar los sueños de quien quería erigirse en emperador de Europa. El relato añadía que junto a nuestros soldados  contribuyeron eficazmente a la victoria los garrochistas que acudieron desde las dehesas andaluzas al campo de batalla. Ejército y Pueblo unidos contra el enemigo de la Patria. Una página de gloria en la historia de España  y un día negro para nuestros poderosos vecinos del Norte.

La efemérides me hubiera pasado probablemente desapercibida, si no fuera porque la ceremonia de este año ha tenido especial relevancia y ha contado con la presencia de nuestros Reyes en los actos celebrados en aquel lugar. Han pasado tantos años y Europa ha cambiado de tal forma que, felizmente, los viejos enfrentamientos se ven hoy como simples hitos de una historia común. Recuérdese que España contribuyó con algún barco de guerra a las pompas británicas en recuerdo de la batalla de Trafalgar, donde comenzó  el declive de nuestro poderío marítimo. Creo recordar que hace muchos años, durante mi primer viaje a París, me sorprendió mucho el que Arco del Triunfo recogiese la batalla de Bailén como un gran triunfo de los franceses.

¿Quién escribe la Historia? Quizás eso sea lo de menos cuando sus protagonistas ya no son enemigos sino aliados y amigos  que trabajan codo a codo para construir un futuro mejor.