El día de la marmota en Cataluña

Si el delito de rebelión es de mera actividad, por lo que se consuma sin necesidad de llegar a la declaración de independencia. Si además en estas conductas se criminalizan también los actos preparatorios, excepción a la regla general que los considera penalmente irrelevantes. Si, como sucedió con los hechos hoy perseguidos por el juez Llarena, todo el proceso independentista se desarrolla con la mayor publicidad. Si, contra la opinión de no pocos juristas, entre los que me encuentro, se estima que el requisito de la violencia se cumple con la simple aceptación de previsibles episodios de tal clase. Entonces podría ser que estuviésemos ante una nueva versión de aquel delito de rebelión o ante la incorporación al mismo de nuevos responsables.

Quiere decirse que la actividad golpista persiste y que en materia tan delicada y vistos los precedentes, quizás sea un grave error mirar para otro lado pase lo que pase.

Aquí no importa la opinión de quienes consideramos que no existe el delito de rebelión sin una violencia causal. Se trata de la coherencia dentro del hacer o no hacer de nuestros tribunales frente al desafío soberanista en Cataluña. En nuestra respuesta política y judicial al problema ya tenemos que confesar grandes retrasos cuyas lamentables consecuencias estamos viendo ahora.