Entre el sí y el no

Carmen Calvo

Cree la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, que muchos de los problemas concernientes a los delitos contra la libertad sexual se solucionarían con la exigencia de consentimiento expreso para que la conducta no fuera delictiva. Así, las condenas no tendrían que pasar por el restrictivo y a veces imprevisible tamiz de la interpretación judicial. La fórmula, como casi todas las que pretenden descubrir el Mediterráneo en clave de inspiración adanista carece de la más mínima consistencia. En particular si se propone en un Estado de Derecho.

Se trataría de sustituir la función judicial por la aplicación de una especie de protocolo administrativo con carácter general y automático, más o menos en la línea de las detenciones realizadas en el ámbito de la violencia de género, dando por buena, para empezar, la mera denuncia de la mujer. Precisamente la presunción de inocencia, pieza fundamental de un Estado de Derecho y consagrada en el artículo 24 de nuestra Constitución, requiere de un pronunciamiento jurisdiccional sobre la realidad y consecuencias jurídicas de toda conducta tenida por delictiva.

La propia veracidad de un documento público no queda a salvo de su reconsideración por los tribunales. La autorización para el acto sexual podría ser irrelevante aunque constase de modo expreso en un formulario administrativamente homologado y sellado. Cabría, por ejemplo, haberse concedido y firmado  con violencia o intimidación. Lo determinante seguirían siendo las circunstancias del caso, valoradas siempre en sede jurisdiccional.

O sea, que los problemas del consentimiento en una relación o simple acto sexual, desde el beso hasta el yacimiento, quizás pudieran resolverse mejor con algunos cambios legislativos, pero continuarán estando entre los más difíciles del derecho penal, lo que desaconseja buscar remedio en piruetas o fuegos de artificio. El sí y el no, o el sí condicionado o solo hasta cierto punto no se prestan a autorizaciones por escrito, contra lo que  parecen dar a entender las palabras  de Carmen Calvo.

Sobre el autor de esta publicación