Pasado y futuro de la inmigración masiva en Europa

pateras

Para resolver el problema de la inmigración ilegal y masiva desde el sur del Mediterráneo hacia Grecia, Italia, Malta, España y Francia, no basta con lamentar el número de ahogados o salvar in extremis unas vidas humanas en un barco sin rumbo. La ayuda puntual para salvar vidas en peligro evidente, sea cual fuere la causa, poco tiene que ver con una regulación correcta de una inmigración que no responde tanto a la figura del refugiado político, o similar, como a la búsqueda de un futuro mejor huyendo de las condiciones económicas y sociales del país de origen.

Europa puede responder a los derechos de los primeros, pero no a las aspiraciones del segundo grupo de inmigrantes, muchísimo más numeroso. Con la política de puertas abiertas para todos nos evitaríamos el examen de cada caso y la expulsión de quienes no son refugiados en el sentido estricto, pero es obvio que la integración sería imposible. Solo Nigeria cuenta con casi 200 millones de habitantes, muchos de los cuales se aprovecharían de esta utópica doctrina de los vasos comunicantes.

La tarea a la que se enfrentan España y la Unión Europea es ardua y requiere como presupuesto conocer las respuestas dadas hasta ahora a determinadas peguntas. Así, ¿cuántos inmigrantes ilegales, de ambos grupos, llegaron a España en los últimos años? ¿Cuántos obtuvieron el estatuto de refugiados?, ¿a dónde van los restantes?, ¿fueron devueltos a sus países de procedencia -a veces desconocidos- o se diluyeron por nuestra geografía nacional como mano de obra barata y con algún derecho que otro? Si los centros de internamiento no impiden radicalmente la libertad de movimientos, de poco servirán. Algún país se inclina por tipificar la inmigración ilegal  y sustituir la pena por el abandono del territorio nacional. Aquí no se defiende ni combate nada, sino que se reflexiona ante una situación imposible.

Se habla de 50.000 expedientes en tramitación sólo en España. ¿Hemos cumplido nuestros anteriores compromisos de acogida? Si todo sigue así los únicos seguros beneficiarios de la ampliación de aceras en la Gran Vía de Madrid serán las nuevas oleadas de manteros y, naturalmente, quienes dirigen impunemente tan tercermundista negocio.

Claro está que, como advierten las autoridades italianas, no es lo mismo rescatar a los náufragos en alta mar que  recogerlos en aguas libias, a muy pocas millas de la costa, como si se tratara de la última etapa de un plan conjunto en beneficio de las mafias. Aquí no todo tiene que ser, por definición, trigo limpio.

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