El internamiento por peligrosidad o custodia de seguridad

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Los representantes de los ciudadanos, en particular los diputados y senadores, no están ahí para aleccionarlos sino para asumir sus deseos siempre que estos sean mínimamente razonables y respeten la Constitución. Como la prisión permanente revisable existe en todos los países de la Unión Europea, excepto Portugal y quizás algún otro, no se entiende bien que los partidos políticos que en España se oponen a la misma lo hagan dogmáticamente, como si fueran depositarios de una verdad revelada. En Francia, Austria, Suiza, Alemania, el Reino Unido, Italia y un largo etcétera de países acreditadamente democráticos, la prisión permanente o perpetua, pero en todo caso revisable, desapareció hace tiempo del tablero de las controversias ideológicas. Únicamente aquí, o en relación con nuestro pasado histórico, seguimos viendo un problema donde no debiera haberlo.

Se explica nuestro rechazo casi unánime a la pena de muerte, pese a ser aplicada aún en grandes países como Estados Unidos o China, al igual que lo fue en toda la órbita de la Unión Soviética, supuesta versión modélica del llamado “socialismo real”, pero no que, bajo la bandera del progresismo, la izquierda española se oponga tan radicalmente a esta prisión aceptada por la inmensa mayoría de los socialistas y socialdemócratas europeos. De todo ello me he ocupado en otras columnas pero no quiero dejar en el tintero el internamiento por peligrosidad o custodia de seguridad que en muchos ordenamientos de nuestro entorno (Austria, Alemania, Suiza, etc.) es una medida de seguridad postdelictual.

Cuando el delincuente sigue siendo un peligro tras el cumplimiento de las penas impuestas conforme al principio de culpabilidad, se acude a esa medida de internamiento para evitar el peligro que su puesta en libertad comporta. Así ocurre en España con los internamientos en centros de deshabituación, educación especial o psiquiátricos. La diferencia consiste en que este otro internamiento no responde a riesgos por enfermedad mental o determinadas adiciones, sino al peligro evidenciado por la evaluación global del reo, sus hechos y su inclinación hacia el delito. Aunque su duración pueda ser en principio indeterminada, la medida cesará tan pronto como decaigan las razones que la aconsejaron. Además, suelen establecerse límites temporales más o menos flexibles y se prevé, en todo caso, la reconsideración periódica.

Nosotros sólo disponemos de la libertad vigilada, que no es incompatible con el internamiento por peligrosidad, como puede verse en el derecho comparado, pero que se reduce a un muy relativo control del reo tras el cumplimiento de su pena. En fin, lo importante es prevenir la repetición de determinados delitos, entre ellos los de violación y asesinato en sus modalidades más graves, por parte de aquellos delincuentes cuya peligrosidad tiene ya como firme punto de apoyo una o varias condenas.

Sería bueno saber fehacientemente cuántos de aquellos crímenes han vuelto a cometer quienes no salieron de la cárcel con un pronóstico de resocialización sino de todo lo contrario. En ocasiones la pena de prisión temporal queda corta, pero los remedios son dos: la prisión permanente revisable o el internamiento por peligrosidad postdelictual. Y en muchos ordenamientos se acude a uno u otro según las circunstancias. El progresismo con freno y marcha atrás tendría mucho de oxímoron, por utilizar una palabra que se puso de moda no hace mucho tiempo.

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