Hay que contar hasta diez

Carlos Osoro

El segundo mandamiento de la Ley de Dios nos prohíbe “tomar el nombre de Dios en vano”, lo que puede extenderse sin dificultad, salvando las distancias, al de la Virgen María y quizás también al de los santos. Supongo, de otro lado, que menos importancia tiene utilizar esos nombres sin venir a cuento, o como si de una interjección se tratara, que emplearlos para reforzar nuestra propia opinión en una cuestión más que discutible. Algo particularmente grave en aquellas materias a las que hay que aproximarse con especial cuidado porque la buena intención corre peligro de perderse en un conglomerado de planteamientos que unas veces afectan a la doctrina de la Iglesia y otras se aderezan con planteamientos políticos.

Creo, pasando ya al objeto concreto de estas líneas, que el cardenal arzobispo de Madrid debió omitir cualquier alusión a la Virgen en su personal apoyo a la manifestación del día 8 por los derechos de la mujer. Es cierto que algunos de ellos siguen sin estar reconocidos en determinados países o todavía se encuentran pendientes de pasar desde el plano declarativo al de la práctica cotidiana, pero el reparo consiste en que, como la experiencia enseña hasta la saciedad, estas demostraciones suelen ser aprovechadas para reclamar también como pretendidos derechos lo que sólo son deseos de un sector radical y, con frecuencia, contrario a las enseñanzas de la Iglesia católica.

La inmensa mayoría de quienes permanezcan en sus casas estarán de acuerdo con la igualdad de hombres y mujeres en la educación y en su vida familiar, laboral y social, así como con la necesidad de poner coto a la violencia por razón de sexo. Hay ocasiones, sin embargo, en las que esas razonables demandas pueden acabar mezclándose con la reivindicación del aborto libre, la disposición igualmente libre sobre el propio cuerpo y un largo etcétera. Poco afortunado ha sido especular sobre la participación de la Virgen María en ese “Día Internacional de la Mujer”, pues existe el riesgo de que la convocatoria sea manipulada por el anticlericalismo militante.

La Virgen vivió en una sociedad que hoy tacharíamos de patriarcal y machista, sin que el Evangelio se ocupe de problemas sociales que ni siquiera se planteaban hace 2000 años. Atribuir a la Virgen un posicionamiento u otro en estas cuestiones constituye un grave error. A veces se recomienda contar hasta diez antes de pronunciar palabra alguna, aunque sea en el curso de una entrevista. El ultrafeminismo, el populismo, el antiliberalismo y el anticapitalismo forman un explosivo cuarteto.

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