Los imbéciles y las imbécilas

Desde que Carmen Romero, esposa del entonces presidente del Gobierno, acuñó la palabra “jóvena” como femenino (o femenina) de joven ha llovido mucho, pero eso no significa que la actualización del castellano en aras de la equiparación de sexos o géneros haya fracasado. La invención de un nuevo vocablo (o vocabla), nos recuerda de vez en cuando que, aunque con cierta lentitud, progresamos adecuadamente, según la feliz fórmula utilizada en la enseñanza.

Esta vez ha sido Inés Montero, la portavoz (perdón) de Unidos Podemos, quien ha roto una lanza por la buena causa. Si hay portavoz también debe haber “portavoza”. Así de simple. No importan las críticas, ni siquiera las académicas o gramaticales. Tampoco la mayoría social. Basta con lo que les parezca bien a algunos mandamases políticos (o mandamasas). Pero, naturalmente, los nombres preclaros en esta cruzada de los quijotes (o quijotas) contra los malandrines (o malandrinas) machistas (o machistos) son algunos más y no deben caer en el olvido.

Bibiana Aído, ministra socialista de Igualdad y mujer de honda formación folklórica, añadió a la palabra “jóvena” de Carmen Romero la no menos ingeniosa de “miembra” (del Gobierno o de lo que sea). Susana Díaz, hoy presidenta de la Junta de Andalucía, aseguró en sus tiempos de Secretaria de Organización del PSOE andaluz que su partido disponía “de los mejores y mejoras candidatos y candidatas”.

Enrique Abad, senador y portavoz de Defensa del Grupo Socialista en el Congreso, patentó el sustantivo (o la sustantiva) “soldada”, abriendo así la puerta a otros nombres como la “caba”, la “sargenta”, la “alféreza” (hasta ahora solo habíamos tenido “la monja alférez”) y la “capitana generala”. Lástima que para compensar tengamos que poner “brigado” junto a brigada, pero sabido es que siempre se tropieza con algún efecto colateral no deseado.            Eduardo Madina, durante un debate televisivo entre los candidatos socialistas a la Secretaría General del PSOE, nos habló de “secretarias de áreas y secretarios de áreos”. Todo un hallazgo, aunque quizás favorecido por un cruce de cables.

Y Felipe González, expresidente del Gobierno, calificó de “austericidio” los recortes del PP para superar la crisis económica heredada del PSOE. Algunos y algunas pensamos que el bello vocablo (o la bella vocabla), significa etimológicamente todo lo contrario de lo que su autor entendía. Austericidio sería la muerte de la austeridad. Sin embargo, los seguidores incondicionales del ilustre político continuaron dándonos la matraca con el austericidio durante varios meses.

Vaya, por último, un agradecido recuerdo a tantas personas (obsérvese el astuto empleo de una palabra femenina) que han hecho suyas expresiones tan felices como “todos y todas” o “nosotros y nosotras”. Por mi parte, y para que nadie se me adelante, quiero dejar constancia de que no solo hay imbéciles, sino también “imbécilas”, como hay genios y “genias” de las artes y de las letras, entre ellas Concepción Arenal, Concha Espina, Carolina Coronado y Emilia Pardo Bazán, a las que el castellano antiguo se les daba muy bien.