El narcotráfico y otras preocupaciones

Es una buena noticia que la Policía haya desarticulado una red de narcotraficantes que, según dicen, podría haber sido la más poderosa de toda Europa y una de las más importantes a nivel mundial. Se habrían intervenido bienes por valor de 15 millones de euros, repartidos entre 171 inmuebles, 5 barcos, 139 cuentas bancarias y otros productos financieros. Hay medio centenar de personas detenidas y la cocaína intervenida ascendería a 5 toneladas. Y nos dicen que la organización disponía de una compleja estructura para introducir la mercancía en España, contando incluso con su astillero particular.

Lo que ya no da para alegrarse tanto es que a la cabeza de esa organización figurase desde hace años el conocido narcotraficante español Sito Miñanco, personaje bien conocido de nuestros policías, fiscales, jueces y funcionarios de instituciones penitenciarias. Y la sorpresa (sólo relativa) se convierte en indignación cuando uno se entera de que un delincuente de esta calaña se encontraba clasificado en tercer grado y disfrutaba de un régimen de semilibertad que en la práctica solo se diferencia de la libertad definitiva porque el interno (en teoría) lleva algún artilugio de control en la muñeca.  Sin embargo, puede ocurrir también, y así se hace constar en honor de la verdad, que alguno eche periódicamente una firmita en alguna comisaría de policía o en la propia cárcel. O que pase en la prisión alguna noche durante el fin de semana, seguramente para resocializarse mientras duerme.

Sea como fuere, nuestro capo viajaba a discreción por toda España, pero con cierta predilección por Marbella, que no es mal sitio y además queda cerca de su centro penitenciario de referencia en Algeciras. El buen hombre se habría ganado la confianza del funcionariado y, al parecer, nadie controlaba el uso que de su semilibertad hacía.

Ya no se trata del penado que, disfrutando de un permiso de fin de semana, lo aprovecha para alunizar en una joyería o violar a una jovencita. Sabemos que el control momento a momento es muy difícil, lo que no debe entorpecer el proceso de reinserción social en el que esos puntuales permisos se insertan, pero la dedicación de Sito Miñanco a sus negocios de siempre, sin levantar sospechas entre quienes le dieron todas las facilidades posibles para ello, tiene algo de excepcionalmente escandaloso.

Habíamos visto en más de una ocasión cómo los policías, guardias civiles o agentes de aduanas eran apedreados en las playas de Algeciras para que no entorpecieran el desembarco de los fardos de contrabando. Pero resulta que ahora las noticias de actualidad no acaban con los negocios de Sito Miñanco. Ahí está el insólito episodio de la veintena de narcotraficantes que entran en el hospital de Algeciras para, a la luz del día, “liberar” a un colega a punta de pistola o navaja, y menos mal que, curiosamente, los policías de guardia ante la habitación del detenido no sufrieron daño alguno.

Quizás este problema mereciera mayor atención que, por ejemplo, los piropos de mal gusto o la explotación sexual de los animales. Esta última entró en el Código Penal hace dos años y ya veremos hasta donde llega la aversión al piropo como práctica incompatible con ese mínimo moral que la sociedad debe garantizar a toda costa en aras de su supervivencia.