El regreso de Alemania a la Gran Coalición

La última Gran Coalición alemana entre cristianodemócratas (CDU y CSU) y socialdemócratas (SPD) pagó un alto precio por la crisis de los inmigrantes, con pérdidas de apoyo popular para unos y otros pero principalmente para los segundos. En las pasadas elecciones generales la CDU y la CSU apenas superaron el 30% de los votos emitidos mientras que la SPD hubo de contentarse con un 20% aproximadamente.

Vistos los antecedentes, era previsible el rechazo de los socialdemócratas a renovar la Gran Coalición. La anterior experiencia no había sido buena y, además, resultaba muy duro dejar como principal partido de la oposición a la Alternativa por Alemania (“Alternative für Deutschland”), el partido emergente de los nacionalistas contrarios a cuanto pueda poner en peligro la identidad étnica y cultural de su país, empezando por la llegada masiva de inmigrantes musulmanes.

Angela Merkel intentó gobernar con los liberales y los verdes formando una nueva coalición a la jamaicana, llamada así por la correlación entre los colores de la bandera caribeña y aquellos con que son conocidos los partidos políticos involucrados en la operación. Por fortuna, fracasado el intento por la incompatibilidad radical entre liberales y verdes, el partido socialdemócrata, con su presidente Schulz a la cabeza, ha sabido reaccionar poniendo los intereses de la República Federal por encima de los de su propio partido.

La estabilidad política de Alemania redundaría en provecho de la Unión Europea y permitiría una valiosa colaboración con el presidente francés Macron para seguir avanzando en un proyecto común que se propone, entre otras novedades, la creación de ese ministerio europeo de finanzas que tanto hemos echado en falta durante las turbulencias todavía no olvidadas.