Sorpresas con la Euroorden

Si estuviésemos, por ejemplo, ante un grave delito de narcotráfico organizado, ni el Fiscal General habría anunciado públicamente que sus máximos responsables podían ser detenidos, ni tampoco el correspondiente juez instructor les habría dado una semana para preparar su defensa con vistas a su primera declaración como investigados. La actuación de la policía y la posible judicialización de los hechos se hubiera mantenido en secreto hasta proceder sin aviso alguno a la detención de los presuntos responsables, que serían interrogados por la policía y puestos después a disposición de un juez que les oiría de inmediato y decidiría sobre su situación personal.

Puesto que en relación con los últimos episodios del independentismo catalán se investigan, entre otros, los delitos de rebelión y sedición, que conllevan igual o mayor penalidad que el tráfico de drogas, sorprende bastante su distinto tratamiento. Se permite que Puigdemont, presidente virtual de la nonata República de Cataluña, escape a Bélgica con algunos de los suyos, pese a saberse que la repatriación forzosa mediante la orden europea de detención puede llevar mucho tiempo y que, además, no es seguro que Bélgica acceda a la nuestra solicitud sin establecer alguna limitación en cuanto a los delitos que serían objeto de juicio en España.

No somos pocos los juristas que abrigamos muy fundadas dudas sobre la responsabilidad de Puigdemont y sus compañeros de Govern como rebeldes o sediciosos según las respectivas tipificaciones en nuestro Código Penal. De un lado, porque conforme a su art.472 no hay rebeldía sin violencia, entendida ésta en sentido estricto, y de otro porque aquéllos serían ajenos a la puntualmente ejercida por una multitud de personas para impedir la práctica de determinada diligencia judicial. Estos últimos hechos  se encuentran perfectamente acreditados, pero sólo llevarían al delito contra el orden público que recoge el art. 544 del citado texto legal, siendo muy difícil probar que la cúpula independentista estuviera tras ellos.

La Euroorden se rige, en algunos supuestos, por el principio de doble incriminación y parece que nuestra precipitada renuncia a la transmitida a Bélgica en esta coyuntura se debe al temor de que la devolución de los fugados lo fuera sólo por los delitos menos graves, de forma que aquéllos no podrían ser juzgados en España ni por rebelón ni, probablemente, tampoco por sedición. Es razonable la sospecha de que, pese al obligado silencio del auto del Magistrado instructor del Tribunal Supremo sobre dicho particular, haya habido alguna filtración respecto al sentido de la resolución judicial belga del próximo día 15. La emisión de esta orden europea de detención se nos revela así como un grave error por no haberse reparado en lo que significaría la exclusión de la rebelión y, ya en segundo plano, de la sedición, como condicionamiento de la extradición solicitada.

El principio de doble incriminación puede aplicarse no sólo atendiendo a la denominación delictiva que utilice en esta fase indiciaria el país solicitante, sino también al relato fáctico de hechos que llevarían al correspondiente tipo penal. Entonces, la concurrencia o no del requisito de la violencia en la rebelión sería un factor esencial para el examen de nuestra euroorden por parte de las autoridades belgas, o si se prefiere, la interpretación literal y comparada de dicho concepto.

Ni los jueces hacen las leyes ni de ellos depende el utilizar antes o después los medios que la Constitución ofrece para cortar de raíz un proceso ilegal separatista por pacífico que sea. Puigdemont y sus compañeros pueden permanecer en Bélgica, volar desde allí a cualquier país poco proclive a conceder extradiciones y, naturalmente, regresar a España con todas sus consecuencias. La pregunta es si este lamentable capítulo no pudiera haberse evitado con una mayor previsión por nuestra parte, aplicando bastante antes el artículo 155 de la Constitución. Ignoro si Puigdemont y compañía son unos cobardes, pero me inclino a pensar que sus asesores jurídicos no son tontos. Ha conseguido internacionalizar un poco más el conflicto llevando a Bruselas cincuenta mil manifestantes y dando la impresión de que, una vez más, hemos perdido la iniciativa.