El género, el sexo y la Constitución Bolivariana

El feminismo radical, que ni distingue entre el sexo biológico y el género gramatical, ni se ha enterado de que la lengua es un medio de comunicación presidido por el principio de economía, prosigue su incansable labor para purificar el castellano o, mejor, para convertirlo en una jerigonza a su gusto. Sirva de consuelo que aún no se ha propuesto modificar la Constitución o actualizarla por la vía acelerada del artículo 167. Se ignora, de otra parte, si el Don Quijote de la Mancha se encuentra ya en el telar purificador.

Últimamente le ha tocado el turno a la Consejería de Sanidad Universal (¡tiene bemoles!) y Salud Pública del Gobierno autónomo de Valencia. De allí ha salido una cartilla o similar para que los profesionales del ramo se impliquen de lleno en la lucha contra la discriminación de la mujer. En lugar de padres y madres habrá progenitores y progenitoras y eso tan retrógrado de los niños y las niñas se corrige utilizando para ambos géneros la palabra “criatura”, que es, curiosamente, femenina. Arturo Pérez Reverte, miembro de la Real Academia de la Lengua, ha tenido la osadía de preguntarse si no cabría hablar también de “criaturos”. Menuda le espera en las redes sociales.

Meses atrás se elaboró también, en un lugar de cuyo nombre no quiero acordarme, un Proyecto de Reglamento sobre la tenencia, protección y bienestar de los animales de compañía. Una regulación que no sólo se dirige a “sus propietarios/as o poseedores/ras”, sino que extiende a los propios animales la doble mención según el sexo. Las hembras nunca quedaran postergadas en la sociedad del siglo XXI (y siguientes). El artículo 16, sobre la identificación e inscripción en el Registro Municipal de animales de compañía es todo un hallazgo que comienza con una novedosa referencia a “los perros/as, gatos/as y hurones”. Lástima que se haya olvidado de las huronas. El autor de estas líneas tiene un ejemplar del documento a disposición de los lectores que quieran consultarlo.

Aquello de las “miembras” del Gobierno, de la entonces Ministra Bibiana Aido, pertenece a la prehistoria. La asociación Jueces para la Democracia ha pasado recientemente a llamarse Juezas y Jueces para la Democracia. Hasta ahora no solía ponerse el femenino delante del masculino, pero eso importa poco. Lo malo es la cansina repetición de ambos géneros.

Pero quizá el mejor aviso de navegantes sea en esta materia la nueva Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Su texto se habría reducido bastante sin sus machacones “venezolanos y venezolanas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “electores o electoras”, “niños y niñas”, “ancianos y ancianas”, “trabajadores y trabajadoras”, “autor o autora”, “profesores y profesoras”, “concejales y concejalas”, “legisladores y legisladoras”, “promotores y promotoras”, “elegido o elegida”, “diputados y diputadas”, “reos y reas”, “funcionarios públicos y funcionarias públicas”, “egresados y egresadas”, “ministros y ministras” así como otras expresiones por el estilo. Y menos mal que en ocasiones se recurre a la “persona o el ser humano”, con lo que desaparece el problema. Véase, para terminar, su artículo 41, exquisito compendio de un buen hablar (y escribir) en lengua castellana:

“Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad, podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia, Presidente o Presidenta del Consejo Nacional Electoral, Procurador o Procuradora General de la República, Contralor o Contralora General de la República, Fiscal o Fiscala General de la República, Defensor o Defensora del Pueblo, Ministros o Ministras de los despachos relacionados con la seguridad de la Nación, finanzas, energía y minas, educación; Gobernadores o Gobernadoras y Alcaldes o Alcaldesas de los Estados y Municipios fronterizos y aquellos contemplados en la ley orgánica de la Fuerza Armada Nacional”.

Me temo que a nuestras activistas les han colocado el listón demasiado alto.