El obelisco de la vergüenza

No todo han de ser las noticias de Cataluña. Ni éstas deben hacernos olvidar el otro gran problema al que se enfrenta España: la corrupción. Podíamos hablar de la prisión acordada estos días contra algunos comisarios de policía que han desempeñado cargos muy importantes en el Ministerio del Interior mientras que, al parecer, se enriquecían quebrantando el Código Penal, pero nos conformaremos con un ejemplo muy significativo de corrupción en tono menor.

El obelisco que preside la Plaza de Castilla en la capital de España, es una destacada muestra de lo que ocurre a veces con esos dineros públicos que, según afirmó en su día una dicharachera ministra, no son de nadie. Se pueden gastar alegremente y, si se tercia, también pueden acabar en los bolsillos de algún que otro administrador cualificado, autoridad, funcionario o alto dirigente financiero. Las formas de la corrupción son muy variadas, y van, hacia abajo, desde el delito de malversación hasta el irracional dispendio de los fondos. Eso de tirar el dinero, como suele decirse, resulta evidentemente más fácil cuando los euros no son ni propios ni ajenos.

La cosa es que Caja Madrid obsequió a los madrileños, creo que el 2009, con una obra del arquitecto Calatrava, ausente hasta entonces de nuestra geografía municipal. El obelisco sería algo nunca visto, con unas estrías verticales que al moverse ondulantemente darían la impresión de que la monumental aguja giraba sobre su eje. El portento funcionó un par de semanas, luego sólo de vez en cuando, sobre todo los días festivos, y finalmente se instaló en la inmovilidad absoluta, sea por defectos técnicos, sea porque su mantenimiento resulte demasiado caro. No consta reclamación alguna contra nadie. Hablamos de quince millones de euros. Una bagatela en comparación con las cifras de la corrupción en provecho propio, pero todo un símbolo de lo que fueron aquellos años de vino y rosas.

Verá el lector que, para prevenir reproches, aquí se ha evitado cuidadosamente cualquier referencia a personas concretas o formaciones políticas. Me he limitado a exponer los hechos. Por cierto, dado el extraordinario peso de la maquinaria instalada bajo un extenso casquete de cemento en la base del obelisco, hubo que acortarlo en algunos metros para salvaguardar la seguridad del tráfico en el modesto pero emblemático túnel que pasa por debajo de la Plaza de Castilla.

Un ejemplo de actuación negligente sin consecuencia alguna para los responsables.