Futuro imperfecto de subjuntivo

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El futuro imperfecto de subjuntivo ha caído en desuso, tanto que hasta puede ser considerado un error por las nuevas generaciones, más dadas al ordenador que a la gramática. Pero existe. Incluso el artículo 485 del Código Penal se dirige contra el que “matare” al Rey y no contra quien efectivamente lo mata. Sirva el introito para justificar esa expresión a propósito del hipotético futuro de una Cataluña a cuya autonomía se ha aplicado, por fin y probablemente con lamentable retraso, el artículo 155 de la Constitución.

La idea es garantizar el regreso de esa parte de España al Estado de Derecho que nuestra Carta Magna configura. Una intervención de urgencia que, aunque localizada en Cataluña, afecta a la totalidad del pueblo español. El enfermo pasará a planta en cuanto las circunstancias lo permitan. Y de allí a casa para reanudar su vida normal. Y así será si todo sale bien. No cabe descartar, sin embargo, complicaciones para las que el equipo médico ha de estar preparado, pues peligraría la vida del paciente.

No habrá que preocuparse mucho mientras la reacción callejera a las medidas adoptadas por el Gobierno de España con la aprobación del Senado se limite a las ya habituales manifestaciones más o menos multitudinarias pero pacíficas. Con el transcurso del tiempo irían disminuyendo en número y asistencia.

Entre los riesgos hay, no obstante, dos que pueden dar al traste con nuestras esperanzas. El primero es que se produzca alguna manifestación violenta o, al menos, tumultuaria, contra el orden público, lo que devendría en delito de sedición. Y el segundo, como una exasperación del anterior, es que se llegue a un alzamiento violento para alcanzar la independencia, lo que llevaría al delito de rebelión. Curiosamente, según el artículo 472 del Código Penal, la finalidad perseguida sería “declarar la independencia de una parte del territorio nacional”, no la de hacerla efectiva o mantenerla. Habrá que contar también con una cierta resistencia pasiva contra el funcionamiento de las instituciones y de los servicios asumidos por el Estado, pero eso sería peccata minuta en comparación con las conductas sediciosas y, sobre todo, rebeldes. El posicionamiento de los Mossos d’Escuadra jugaría entonces un papel estelar.

Si la policía autonómica hiciera suyas las medidas del artículo 155 todo sería relativamente fácil. No se alimentaría el victimismo frente a unas fuerzas de seguridad que vendrían de fuera para abortar cualquiera iniciativa independentista por pacífica y democrática que fuera. Ya hemos visto lo ocurrido con el intento de impedir el referéndum ilegal de 1-O: una más que previsible manipulación de los hechos y un rotundo triunfo de los soberanistas no sólo a nivel internacional. Fue un triunfo que, servido a la propaganda de los facciosos en bandeja de plata, no puede repetirse.

El fracaso de la implementación pacífica de las medidas acordadas al amparo del artículo 155 de la Constitución llevaría inevitablemente, por el contrario, a la activación del artículo 116 de aquel mismo texto, donde se contemplan los estados de alarma, excepción y, muy particularmente, de sitio, lo que supondría la intervención del Ejército como garante último de la integridad territorial de España. Este sería el peor escenario imaginable, pero dicen que la política consiste, aunque a veces no lo parezca, en otear el horizonte y adelantarse al futuro.

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