Los misterios de Fátima, en plural

Fátima

Como supongo que muchos lectores estarán hartos del “proces” independentista catalán, me ha parecido oportuno aprovechar el centenario de las apariciones de Fátima, para cambiar de tercio con algunas consideraciones algo heterodoxas sobre el particular.

La primera acepción de la palabra milagro en el Diccionario de la Real Academia es “hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino”. La danza del sol, girando sobre sí mismo e iniciando una caída hacia la Tierra ante decenas de miles de personas en la localidad portuguesa de Fátima, el 13 de octubre de 1917, sería un milagro si no se hubiera producido una alucinación colectiva. No caben otras opciones. O el Sol, y no la Tierra, se sustrajo durante algún tiempo a las leyes de la gravitación universal, lo que sería un milagro, o todo quedaría en simple apariencia. Y curiosamente en ambos supuestos con la Tierra como eje central del universo, al más rancio estilo ptolomeico.

El misterio, que no afecta a las leyes de la naturaleza, se define, en el mismo Diccionario de la Real Academia, con referencia a la religión católica, como “cosa inaccesible a la razón y que debe ser objeto de fe”. La Santísima Trinidad no sería un milagro sino un misterio. Pero hay otra acepción que quizá se avenga mejor en este caso con la suerte corrida por aquellos mensajes. Es la de “cualquier cosa arcana o muy recóndita que no se puede comprender o explicar”, pues cuesta trabajo entender la razón de que las profecías hechas por la Virgen a los tres pastorcillos portugueses se hayan publicado por entregas según criterio de la autoridad competente.

Hemos alcanzado un punto en el que ni siquiera sabemos con seguridad el número de los mensajes recibidos, pero parece que el último de ellos, el tercero, el que más expectativas había suscitado por lo mucho que se guardó su secreto, es el desvelado por el Papa Juan Pablo II el 29 de junio del 2000. Lo que seguimos sin saber son los motivos de esa larga espera. Su contenido no se diferencia mucho de los demás. Su lenguaje tiene ecos de la Apocalipsis, pero engarza bien con la anterior exhortación a rezar el Santo Rosario y con la profecía de que Rusia se convertiría gracias a la intervención del Sagrado Corazón de Jesús, devoción ésta muy extendida en aquellas fechas. Sin embargo, lo de la conversión de Rusia, se supone que al catolicismo, no está claro del todo.

La celebración de este aniversario con la participación personal del Papa Francisco peregrinando a Fátima nos anima a recordar que a las apariciones de la Virgen y la danza solar se sumó después el tratamiento de los mensajes por el Obispo del lugar y el propio Pontífice. Para mí, un nuevo misterio, que no milagro. Me vienen a la memoria los viejos tiempos en los que la publicación en España de cualquier libro o folleto religioso sólo era posible tras el “nihil obstat” y el “imprimatur” de la autoridad eclesiástica.

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