El chupachups, el donut, la fregona, el coche Acedo y el aprobado-suspenso

No es que los inventos españoles en los últimos cincuenta años hayan sido muy relevantes, salvo alguna notable excepción como el TALGO. Tampoco han recibido, que uno sepa, especial reconocimiento por la comunidad internacional. Juan de la Cierva e Isaac Peral nos quedan ya un poco lejos y Severo Ochoa, aunque nacido en Logroño, llegó al Nobel desde Estados Unidos, pero no todos los inventos necesitan de mucho trabajo en equipo o costosos medios materiales.

Compatriotas nuestros fueron los padres del donut, de la grapadora, del chupachups y de la fregona (el de esta última, si no recuerdo mal, un militar fallecido no hace mucho tiempo en Zaragoza). No es que en el extranjero nos reconozcan estos méritos, pero ya sabemos que no siempre nos han visto con buenos ojos.

Aunque los ejemplos anteriores tienen mucho de inspiración individual al margen de altos estudios universitarios o politécnicos, no falta tampoco alguna muestra de esfuerzo colectivo al servicio de una idea. Es el caso del “Auto Acedo” que, obra del ingeniero Antonio Jurado, fue presentado en el Paseo del Retiro de Madrid los días 27 de noviembre y 2 de diciembre de 1941 para su homologación como mandan los cánones. Subió la cuesta de las Perdices a poco más de 19 kilómetros por hora y bordeó la Casa de Campo a una velocidad ligeramente superior a los 36 kilómetros por hora.

Lo más curioso de este automóvil enteramente nacional, incluidos los materiales, era el carácter híbrido de su tracción. No de gasolina y electricidad, pero sí de gasolina, con un motor de 2,2 hp y pedales. En los prospectos publicitarios se recogían las velocidades máximas según el sistema utilizado por el conductor. Lo que no recuerdo es si el vehículo podía moverse también sólo con el esfuerzo físico de sus dos ocupantes.

Quizá me haya extendido demasiado sobre el pretérito, cuando la verdad es que quería hablar del presente y, más en concreto, del invento que nos ofrece un reciente Real Decreto del Consejo de Ministros que supera con mucho todo lo que habíamos visto hasta ahora en esta piel de toro, Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. Los alumnos de 15 y 16 años podrán aprobar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO) y pasar por lo tanto al Bachillerato con nota media inferior a un 5 y hasta dos asignaturas suspensas. Hemos avanzado desde la tortilla sin huevo de la postguerra al aprobado con suspenso de 2017, ignoro si con ayuda o no de la Unión Europea.

Tal vez este último invento empezara a gestarse al sustituir las tradicionales notas (suspenso, aprobado, notable y sobresaliente) por eso tan bonito de “progresa adecuadamente” o “necesita mejorar”. Ya sólo nos resta seguir avanzando por el camino emprendido. Un día llegaremos al aprobado general. El fracaso escolar sería un recuerdo cada vez más difuso. Los alumnos, si aún respondieran a este nombre, únicamente tendrían que permanecer algunas horas en el centro educativo para su adoctrinamiento en nuevas disciplinas ideológicas, sociales, políticas y sexuales. Aparte de hacer deporte.