Aquí al lado, en Valladolid

Tras el atentado terrorista de Londres con ocho muertos y numerosos heridos se ha registrado otro en Notre Dame de París. En esta segunda ocasión el desenlace fue menos cruento. El islamista, que penetró en la catedral con un martillo resultó herido por los disparos de un policía antes de poder atentar contra nadie en particular.

España viene quedando al margen de los últimos atentados que durante los últimos meses han salpicado de sangre el mapa de Europa. Es muy probable que esta excepcionalidad se la debamos, en todo o en gran parte, a la eficaz labor previsora de nuestros cuerpos de seguridad, pero el peligro sigue ahí sea cual fuere el nivel oficial de alerta que determine el Ministerio del Interior. Por lo demás, ese reconocimiento será más importante para reforzar la función policial que para una ciudadanía que ha de seguir con su vida rutinaria.

Hay atentados de preparación muy compleja, lo que facilita que sean detectados a tiempo, pero contra los lobos solitarios poco puede hacerse. Mal cabe predecir quien de entre los centenares o miles de musulmanes fichados como sospechosos de alimentar ideas radicales, acabará dando el salto como protagonista de una masacre, sin olvidar tampoco los supuestos de desequilibrio mental con ideas obsesivas.

Lo que llama la atención en ese contexto es el escaso eco que ha tenido el incidente habido hace un par de días durante una boda en la monumental iglesia vallisoletana de San Pablo. También allí apareció un islamista radical que se dirigió al altar mayor e interrumpió la ceremonia al grito de Alá es grande. A diferencia de su correligionario de Notre Dame no portaba ningún arma, ni siquiera un martillo, y fue reducido por los asistentes al acto sin que nadie resultara lesionado o herido. Es obvio, sin embargo, que ese mismo individuo hubiera podido causar un baño de sangre si así se lo hubiera propuesto.

Este suceso aviva el recuerdo porque somos el país europeo que sufrió el más grave atentado de los perpetrados hasta ahora en la Unión Europea y el Reino Unido. Suban o bajen los niveles de alerta algunos especiales motivos de preocupación no varían. El Corán alecciona sobre el trato a los infieles y España se identifica en el mundo musulmán como Al Andalus, es decir, la tierra arrebatada a un islam personificado en una única nación, la “umma”. A la lucha contra el infiel en general se uniría la reconquista de una parte muy significativa de su patria.