Sobre la muerte de Ignacio Echeverría

No hay duda de que Ignacio Echeverría fue una de las víctimas mortales del atentado terrorista en el Puente de Londres a primeros de junio pasado, pero ahora la versión de los hechos ha cambiado significativa e inexplicablemente. Por cierto, al compás de otros cambios, también sorprendentes, en la actitud de su familia.

Primero fue la indignación por la tardanza, todavía no justificada, en saber si Ignacio era o no uno de los muertos. Por no hablar de las pruebas de ADN, se disponía de sus huellas dactilares, que bien hubieran podido compararse de inmediato con las de los ocho cadáveres en hospitales, tanatorios o depósitos forenses. Ignacio tenía parientes próximos en Londres, a los que pronto se sumarían otros familiares llegados desde España con la misma intención de conocer la suerte corrida por quien hasta entonces sólo constaba como desaparecido.

Algunos mal pensados llegaron a sospechar que tanta pasividad en dar respuesta a las demandas de la familia podía deberse a que la causa de su muerte hubiera sido un disparo de la propia policía, pero un comunicado oficial, también un poco tardío, aseguró que nadie, excepto los terroristas, había resultado herido o muerto por las armas de fuego que utilizó la fuerza pública. Y así continuamos aceptando el relato inicial de que Ignacio murió al enfrentarse con su monopatín al agresor, terrorista o no, de una mujer. Era el relato de uno de sus amigos que habría tenido tiempo de ver algo de lo ocurrido antes de emprender la huida.

Finalmente, identificado ya el cadáver de Ignacio Echeverría, se supo que nuestro compatriota había sido apuñalado por la espalda. Sus familiares se reunieron con los responsables de la investigación en Londres y después se deshicieron en elogios a las autoridades británicas, de las que habrían recibido toda clase de explicaciones, a los amigos que acompañaban a Ignacio en aquella ocasión, al embajador y al cónsul españoles en Londres, a nuestros ministros de Interior y Asuntos Exteriores, y a cuantas personas les habían expresado su apoyo en momentos tan difíciles.

Si se hubiera identificado el cadáver a su debido tiempo, quizá el caso hubiera podido cerrarse informativamente. Ignacio no sólo habría muerto en un indiscriminado ataque terrorista del islamismo radical, sino también y en primer término porque había acudido en defensa de una mujer. Sería esta circunstancia la que convertiría su muerte en algo especial.

Y ahora Joaquín Echeverría, hermano de la víctima, nos sorprende diciendo que Ignacio pretendía defender a un policía y no a una mujer. Pero esto no es todo, pues añade que la familia decidió cambiar la historia cuando aún no conocía el estado de Ignacio y estaba preocupada por las posibles venganzas de los terroristas. Literalmente: “Nos preocupaba que los yihadistas fueran a buscarlo a su casa o al trabajo en el caso de que estuviera vivo”. Algo difícil de entender.

Ignacio Echeverría fue víctima de un atentado terrorista, por lo que damos nuestro sincero pésame a la familia. El resto, sin embargo, dista mucho de estar claro. Una segunda autopsia, ya en España, hubiera podido arrojar alguna luz sobre las zonas obscuras de lo realmente ocurrido.