El Ayuntamiento de Madrid, los refugiados, la predicación y el trigo

Lo de “refugees welcome”, según proclama el cartelón colgado sobre la puerta del Ayuntamiento madrileño, estaría muy bien si fuera más allá de un brindis al sol. Las víctimas de los conflictos bélicos y los desheredados del tercer mundo no sólo vienen a Europa desde Libia o el trampolín de Turquía, jugándose la vida en embarcaciones de mala muerte. Los hay que entran directamente a España por las vallas de Ceuta y Melilla, pero ignoramos qué gestiones ha hecho o está haciendo nuestro equipo municipal para que, como mínimo, algunos de ellos fijen su residencia en la capital de España.

Habría que crear nuevos puestos de trabajo efectivo para que no empeorara la suerte de nuestros parados, que son muchos y en ocasiones de larga duración. No se trata de lucirse con bonitos eslóganes, sino de presupuestos y costes. La cuestión es lo suficientemente grave como para no servir de objeto arrojadizo en las contiendas ideológicas o partidistas. Una cosa es hablar para la galería y otra planificar en serio, como lo son el predicar y el dar trigo.

Tal vez ha llegado la hora de que se nos informe de cuántos refugiados han venido ya a Madrid y disfrutan actualmente de nuestra hospitalaria oferta. ¿Dónde se alojan?, ¿dónde trabajan?, ¿quién corre con sus gastos si se encontrasen en paro?, ¿de qué servicios sociales disfrutan? La pancarta de bienvenida lleva meses en la céntrica plaza de Cibeles como muestra del buen corazón y quizá también de las inquietudes políticas del equipo directivo de nuestro Ayuntamiento.

Los gestos de buena voluntad son muy loables pero, cuando no se desarrollan debidamente, se transforman en promesas incumplidas o esperanzas rotas, si no es que se revelan como propaganda barata. En estos tiempos, en los que se pide transparencia por todas partes, no estaría de más un poquito de información sobre este tema, aunque sólo sea a nivel municipal.