Un desliz de la Televisión vasca

Hace sólo unos días, el programa 'Euskalduna naiz, ta zu? Espaina', de la televisión pública vasca ETB, entretuvo al personal disertando sobre España y los españoles (excluidos los vascos). Según el portavoz del Gobierno Autonómico, dicha emisión nada tendría de ofensiva si se interpretase tal y como fue concebida, o sea, en clave de humor; pero algunos espectadores no entendieron la agudeza y gracejo del producto, se quedaron con su tenor literal a secas y ahora claman por unas injurias que en realidad nunca habrían existido.

Conviene, pues, empezar por resumir los hechos y dejar al lector su valoración. Desde la óptica de Euskadi, los españoles (los restantes españoles) se clasificarían en cuatro grupos: fachas, paletos, chonis y falsos progres en alcanfor. Los entrevistados abundaron en las náuseas que sufrían al oír la palabra España, ver su bandera o escuchar el himno nacional. Añádase en aras de la objetividad y la verdad que se han presentado excusas oficiales, lamentado que alguien se haya sentido ofendido y reconociendo que, en consecuencia, mejor hubiera sido no emitir el controvertido programa.

La cuestión podrá darse o no por zanjada, pero en todo caso sería un enorme error acudir en queja al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, a la Comisión Europea contra el Racismo y la intolerancia o a cualquier otra institución internacional en busca de alguna declaración condenatoria. El problema es nuestro y si alguna proyección jurídica tuviere, debería depurarse aquí y no en el extranjero. Las denuncias anunciadas por el PP, Ciudadanos y el Colectivo de Víctimas del Terrorismo sólo servirían para llevar agua al molino de los separatistas. España y Euskadi frente a frente, de tú a tú, en un foro internacional.

La cara optimista de lo ocurrido se encuentra en la diferencia sustantiva entre el contenido de este programa y las afirmaciones racistas de Sabino Arana, el padre del nacionalismo vasco y de la actual bandera de Euskadi. Véanse algunos fragmentos de lo predicado por aquel caballero:

“Nuestra raza, singular por sus bellas cualidades, pero más singular aún por no tener ningún punto de contacto o fraternidad ni con la raza española ni con la francesa ni con raza alguna del mundo,…”.

“Oíd hablad a un bizcaíno y escucharéis la más eufónica moral y culta de las lenguas, oídle a un español y si sólo le oís rebuznar podéis estar satisfechos.”

“El bizcaíno es laborioso (ved labradas sus montañas hasta la cumbre), el español, perezoso y vago (contemplad sus extensas llanuras desprovistas en absoluto de vegetación). El bizcaíno es emprendedor (…); el español nada emprende, a nada se atreve, para nada vale”.

No mucho más comedido fue el expresidente Arzallus, para quien el bizcaíno era amante de su familia y de su hogar, a diferencia de los españoles, más proclives al adulterio, también recordaba que “el 95% de los crímenes que se perpetran en Vizcaya se deben a mano española, y que cuatro de los cinco restantes son autores vizcaínos españolizados”.

Por más censurable que resulte el reciente programa de la Televisión vasca sobre España y los españoles, es obvio que mucho se ha avanzado en despojar de elementos racistas lo que sólo es un problema político entre personas y territorios de igual condición. La gran amenaza para la unidad de España se sitúa hoy en Cataluña.